Tenis histórico


Por Guillermo Salatino

Guillermo Vilas US Open 1977
No había con qué darle

Aquella mirada cómplice hacia Tiriac y la confirmación de Ion de que el drive de Connors se había ido fuera de los límites, dieron rienda suelta al salto, la euforia y la alegría que reflejaba una victoria que -por más que quienes hacen los rankings se resistan-, indicaba que Guillermo Vilas era el mejor tenista del planeta. El nivel de Guillermo fue tal que los periodistas que estábamos en Nueva York apostábamos para ver cuántos games le sacaban sus rivales. Por la noche nos quedábamos en el lobby del hotel Summit, el de Lexington y 51, al que fuimos durante tantos años y luego denominado Metropolitan, discutiendo: “Que cinco, que seis juegos”; “Ojo con Gene Mayer, que tiene un toque bárbaro” o “Cuidado con el saque de Vic Amaya, una suerte de bestia y una potencia infernal en su zurda...”.
Pero nada ni nadie podía con Vilas. Pasaron Santana en su partido de despedida, Mayer, Amaya, Higueras -que luego fue técnico de Guillermo Coria- y el sudafricano Moore, el primer presidente de la ATP. Entre todos sacaron 20 games. Las semifinales eran con el “plomo” de Harold Solomon, alguien que ya le había aguado más de una fiesta a Vilas, incluida una de Roland Garros. Sin embargo, la preocupación no pasaba por si le podía ganar o no. Nos preocupaba que le sacara piernas para la final. La victoria se descontaba y así fue. Le quitó 10 juegos con un tie-break en el segundo set. Llegó el día de la final. Una final que para mi, además, era muy especial y con varios ingredientes.
En primer término iba a ser mi debut en una transmisión vía satélite. Dos días antes, Gerardo González, de Canal 9, me llamó y me dijo: “Vamos a hacer la semi de Vilas y la final en vivo”. Al final hicimos las dos semifinales, la final de mujeres y la final juniors que Claudia Casablanca le ganó a Lea Antonoplis. Pero nada generaba en mi tanta ansiedad como mi primera final de Grand Slam, porque no había estado en Roland Garros ese año, que había ganado Vilas. Connors, por su lado, llegaba sólido. En semifinales le había ganado al tano Barazzutti. Vilas vs. Connors en Forest Hills era todo un programa, nadie lo podía discutir.
Nos levantamos bien temprano. Eramos varios, pero yo compartía la habitación con Lucho Hernández, de la revista “El Gráfico”. Tomamos el “subway” Nº 7, que nos dejaba a unas cuatro cuadras del West Side Lawn Tennis Club, un coqueto complejo de la zona de Queens. Tan residencial es el barrio que mediante una nota provocaron que el US Open tuviera que mudarse a un lugar descampado por las molestias que causaba. Llegamos mucho antes de la hora señalada y nos encontramos con Oscar Furlong, que había llegado para ver la final. Entramos y disfrutamos de las fabulosas canchas de césped que eran mayoría en el club, además de las de “clay”, superficie de arcilla que era la utilizada por tercera vez desde que se había dejado el pasto para el abierto. Yo, por lo menos, no sabía que sería la última edición de Forest Hills y que al año siguiente se trasladaría a Flushing Meadows donde se disputa hasta hoy el certamen.
Vilas ya había finalizado con su práctica para calentar los músculos y esperaba en el vestuario, ansioso, tal era su costumbre a la hora de salir al ruedo. Yo me instalé en lo alto de la tribuna al lado de la televisión australiana, para quien debutaba como comentarista John Newcombe. Nervioso, tenso, Vilas no pudo inicialmente con Connors que, exultante, salió a comérselo crudo. Rápido 6-2 para el estadounidense, que parecía una fiera enjaulada. Poco a poco Vilas cambió la táctica y comenzó a embarrarle la cancha con el revés con slice sobre el drive de Connors. Esa terminó siendo la clave del éxito.
Fue 6-3 para Vilas y en el 4-1 me avisaron desde Buenos Aires que nos quitarían el satélite: el programa “300 millones”, que se emitía desde España por Canal 11, no cedió la señal por lo que se cortó la transmisión. Los televidentes lo pudieron seguir, de todas maneras, por el mismo canal ya que además de grabar para luego emitirlo en diferido, por otra línea les iba pasando el resultado para que Julio Ricardo lo fuera dando en “Domingos para la Juventud”. La historia parece de Hollywood, con un final feliz. Guillermo le quebró a “Jimbo”, se llevó en tie-break el tercer set y con un cómodo -es una forma de decir- 6-0, el cuarto para explotar con su euforia.
Una gran cantidad de argentinos se abalanzó sobre Willy en busca de la vincha, de las muñequeras, de lo que fuere. El más eufórico fue Constancio Vigil, el director de Editorial Atlántida y de “El Gráfico”, que inclusive al pasar lo cargó a Connors. Jimbo reaccionó y casi se van a las manos... Lo que me queda grabado del partido es el cambio de táctica radical que hizo Vilas. No bien comenzado el segundo set se olvidó del top spin y bombardeó meticulosamente con un revés, que apenas se levantaba del piso, sin que su rival le encontrara solución.
¡Qué fiesta se avecinaba! Pero esa noche no pude disfrutarla, porque mientras Vilas con sus amigos y periodistas incluidos se iban de farra, yo me tuve que ir a la CBS Sports -encargada de las transmisión a todo el mundo- para enviar en diferido el partido, que dicho sea de paso marcó 42 puntos de rating compitiendo con la pelea por el título del mundo de Galíndez y con un Boca-Cruzeiro. Hoy sigue siendo el récord para un encuentro de tenis, aunque si para la final de Roland Garros 2004 entre Gaudio y Coria sumamos lo que midió América (24 puntos) y ESPN (23 puntos) superaría la marca de aquel encuentro pero desde dos medios diferentes. Fue tal la locura, que Cacho Fontana, del programa “Video Show” por Canal 11, se tomó un avión y lo fue a buscar con un camarógrafo para hacerle una nota, algo común hoy pero que en el '77 era extraño. Tan extraño, que esa fue la primera vez en la historia de nuestra televisión...
Para la anécdota queda que llegamos al estadio con 40º de calor, en bermudas y remerita, y durante el partido un fuerte viento del polo norte hizo bajar la temperatura unos 25 grados. Lucho me fue a comprar un sweater Fred Perry de color verde que conservé mucho tiempo hasta que desapareció de mi casa. Lo quería guardar como recuerdo. Todos terminamos tiritando de frío, pero felices.
Hoy, a tantos años del enorme acontecimiento, se sigue recordando como el mayor éxito del tenis argentino. Se me ocurre que una victoria en la Copa Davis podría ser el único motivo que pueda superarlo. Para los destructores, aquellos que les gusta minimizar lo nuestro y que dicen que Vilas ganó en París y en los Estados Unidos sin Borg, les recuerdo que el sueco jugó en Nueva York y perdió con Stockton. Si no participó en Roland Garros fue su problema.Yo creo que en el '77 a Vilas no había con qué darle y la fórmula no la tenía ni el mismísimo “sueco de hielo”.

* Presente en el Abierto de los Estados Unidos 1977, realizó los relatos en la transmisión televisiva en directo para la Argentina.

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Periodista deportivo de Radio La Red y FOX Sports

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