Tenis histórico


Por Eduardo Puppo

El tenis en dificultades
10 escándalos en el tenis mundial

Tarango y el cachetazo de su mujer

El tenista estadounidense Jeff Tarango, nacido en noviembre de 1968, nunca sobresalió por sus actuaciones en el circuito profesional, aunque en su currículum figuran dos títulos de ATP en singles y 14 en dobles. Su pase a la fama no fue afortunado, ya que sobrevino con una abrupta salida de Wimbledon en 1995. Transcurría la tercera rueda y Tarango perdía con el alemán Alexander Mronz por 7-6 (6) y 2-1 cuando el partido se descontroló. Ya tenía antecedentes de arranques de ira al no estar de acuerdo con los fallos en su contra, pero en Londres llegó al punto de no retorno: el umpire francés Bruno Rebeuh dictaminó como malo uno de los saques de Tarango y el jugador explotó, lo incriminó y hasta llegó a decirle que era uno de los más corruptos del circuito. A continuación, una situación similar, y Tarango llamó al supervisor, el sueco Stefan Fransson, pidiéndole que expulsara al umpire, cosa que no fue aceptado. Al regresar a la base para realizar el siguiente servicio, bajo el abucheo de la gente. Tarango le gritó: “¡Cállense!”, por lo que Rebeuh le aplicó el código de conducta restándole un punto. Era lo que necesitaba Tarango para quebrarse y retirarse mientras insultaba a todo el mundo. Acto seguido, su esposa entró al court y llegó a pegar dos cachetazos a Rebeuh… Tarango recibió una multa de 48.000 dólares y la suspensión en los siguientes tres torneos de Grand Slam.


Una transexual aceptada en los Grand Slams

Un caso curioso, casi de avanzada con respecto a los tiempos que corren, fue el de Renee Richards, una tenista estadounidense que acaparó la atención a fines de los '70. Richards, en realidad, nació hombre, en agosto de 1934, bajo el nombre de Richard Raskind. De chico jugó tenis y se fue destacando humildemente en el circuito aficionado de su país. Estudió medicina y se recibió de oftalmólogo; luego se casó y tuvo un hijo. Siguió jugando tenis sin grandes resultados y en 1974, cerca de cumplir 40 años, dejó de participar en los torneos. Dos temporadas más tarde, ante la sorpresa de quienes lo conocían del circuito, apareció una tal Richards anotada en el torneo femenino de California. Alta, musculosa, de rostro marcado, la prensa la catalogó como un “hombre disfrazado de mujer”. La realidad era mucho más profunda: se trataba de Raskind, quien se había sometido a una operación de cambio de sexo. Se revolucionó el ambiente deportivo y nacieron voces de protesta de sus nuevas colegas: argumentaban que tenía claras ventajas en lo físico. Su batalla legal se convirtió en un enunciado por la igualdad de derechos y, en 1977, recibió el vía libre de la Corte Suprema de los Estados Unidos: pudo jugar como mujer e incluso participar del US Open, en la misma edición que Guillermo Vilas logró el título. En el '76 no le habían permitido acceder al cuadro del abierto de su país, al no superar la prueba de cromosomas, examen del que legalmente fue absuelta tras el fallo. En Forest Hills '77 perdió en el debut contra la británica Virginia Wade por 6-1 y 6-4, pero fue finalista del doble damas junto a Betty Ann Stuart. Llegó a ser entrenadora de Martina Navratilova y de Andrea Leand. No hay duda que su lucha, ya convertida en transexual, colaboró a mirar con otros ojos la marginalidad que impone tantas veces la sociedad. En 1982 se alejó de la competencia y se dedicó full-time a su profesión original.


Nasty, pintado de negro

El rumano Ilie Nastase, conocido en su mejor época de jugador como “Nasty” o sucio -principalmente por apelar a métodos poco deportivos para distraer el rival-, es uno de los personajes más contradictorios del tenis mundial. Talentoso como pocos, en 1973 inauguró el primer puesto del flamante ranking de la ATP, cuando dominaba el circuito. Siempre jugó con los límites del reglamento y tiene una larga lista de actitudes que rozaron los bordes del mal gusto, muchas veces pasándose de la raya. Por ejemplo, en la final de Wimbledon 1976 contra el sueco Björn Borg, luego de ser advertido, se acercó a la silla y le dijo al umpire: “No me diga Nastase, dígame señor Nastase”. En el mismo partido, cuando perdió un game, en el cambio de lado le puso una de las balls entre medio de las piernas al mismo umpire. Terminó perdiendo el encuentro, la gran desilusión de su carrera. Fue coleccionando títulos pero también multas y descalificaciones. Amén de tantas otras situaciones extratenísticas, se recuerda una que lo empujó a centímetros del ridículo y el escándalo. Fue en el torneo de Lousville de 1975, cuando se anotó en dobles con el moreno estadounidense Arthur Ashe, cuando la política de discriminación racial transitaba momentos cruciales. Nastase tuvo una idea: le pidió a dos colegas, los tenistas Ismail El Shafei y Hans Kary, que le consiguieran elementos para oscurecer su rostro. Así fue como lo maquillaron de negro, con una mezcla de carbón y crema, y de esa forma entró al court: “¿No es que en dobles tenemos que estar uniformes?”, dijo en voz alta mientras la gente se dividía entre risas y silbidos. Lo salvó su compañero: Ashe fue el primero en reirse a carcajadas. No todos festejaron, ya que recibió fuertes críticas de diferentes sectores en contra del apartheid, que lo tomaron como una verdadera burla, pidiendo que fuera suspendido por ser una conducta incompatible con los derechos humanos. Nastase prosiguió su camino y no sólo fue la mejor raqueta del mundo en el '73, sino que ganó Roland Garros y el US Open, sumando 57 títulos individuales y, junto a su compatriota Ion Tiriac (eterno coach de Guillermo Vilas), llegaron tres veces a la final de Copa Davis (1969-71-72). Con el tiempo, ambos se convirtieron en los rumanos más influyentes en este deporte.


Supermac, descalificado por desconocimiento

Qué duda cabe que el estadounidense John McEnroe representó siempre una gran dicotomía de amor-odio entre sus seguidores. El eximio zurdo, tan poco ortodoxo como efectivo, quedó en la historia como un grande de la raqueta de tenis. Pero alternó sus picos técnicos con otros de alta irascibilidad, especialmente contra los fallos de las autoridades en cancha. Recopiló tantas copas como multas y suspensiones. Algunas muestras: en la final de Wembley 1981, que perdió con su compatriota Jimmy Connors por 3-6, 2-6, 6-3, 6-4 y 6-2, McEnroe discutió con su rival, con el umpire, con los jueces de línea, lanzó pelotas contra los espectadores y contra un micrófono ambiental; terminó el partido, fue multado con 700 dólares y excedió de esa manera el máximo de 5.000 según el reglamento del Pro Council y fue suspendido por 21 días. Otra, en la Copa Mundial Düsseldorf 1987, en la final contra Checoslovaquia, cuando McEnroe perdía 7-5, 2-6 y 2-1 con Miloslav Mecir; fue advertido al demorarse en un servicio y, ofuscado, perdió el saque y en el cambio de lado tomó sus cosas y se fue; automáticamente fue descalificado y multado en 5.000 dólares. Pero el máximo estado nervioso lo desplegó en 1990, durante los octavos de final del Abierto de Australia contra el sueco Mikael Pernfors. Supermac recibió un warning por intimidar a una jueza de línea y seguidamente le quitaron un punto por romper la raqueta. El Código de Conducta de la ATP recién comenzaba a aplicarse y, tal vez, no era conocido por la mayoría de los mejores tenistas. Por esa razón, McEnroe continuó su “bad show” sin imaginar las consecuencias. El inexorable final le cayó encima cuando insultó al umpire y tuvo su tercera advertencia: las nuevas reglas indicaban que no se le descontaba un game, sino que debía ser descalificado. Atónito, escuchó como la autoridad le daba el partido por perdido “por abuso verbal y de raqueta”, cuando el match estaba 1-6, 6-4, 5-7 y 4-2 para el sueco. El árbitro general entró al court central y le explicó qué pasaba. McEnroe, de todas formas, caminó hasta la línea de base para continuar, mientras el juez de silla dictaminaba el “default” y el “game, set, match, Mr. Pernfors”.


La Batalla de los Sexos

Si bien se realizaron varios duelos mujer-hombre dentro del tenis, todos a manera de exhibición (Navratilova vs. Connors, Serena y Venus Williams vs. Kartsten Braasch, Henin vs. Noah, etc.), el que marcó un punto de inflexión fue el de la estadounidense Billie Jean King y su compatriota Bobby Riggs. Se denominó “Batalla de los Sexos” y puso en juego mucho más que un simple resultado. Todo comenzó cuando Riggs, nacido el 25 de febrero de 1918 (falleció el 25 de octubre de 1995), quien constantemente hacía comentarios despectivos hacia las mujeres y aseguraba que debían volver a su lugar natural, “la cocina”, retó a King a un match desafío. La Nº 1 del mundo no tuvo más remedio que aceptar el “ofrecimiento”, porque en él se expresarían sus ideales, como las protestas por los derechos de la mujer en el deporte y la igualdad con los hombres, especialmente en los aspectos comerciales. Riggs, un ex tenista de excelente nivel en su época, campeón de Wimbledon, tenía entonces 55 años contra 29 de su futura rival. El “duelo” se pactó para el 20 de septiembre de 1973, en el Astrodome Arena de Houston, transformándose en el primer enfrentamiento entre un hombre y una mujer dentro de una cancha de tenis, amén del disputado por el mismo Riggs contra la australiana Margaret Court días antes, pero que se tomó más como un “entrenamiento” del desafiante. En la promoción del match, ambos despotricaban del otro y se unieron medios masivos que hicieron más candente el tema: Riggs, por ejemplo, apareció en las tapas de las revistas Time y Sports Illustrated. Rodeado de un verdadero circo hollywoodense, con payasos, porristas, decenas de empresas mostrando sus productos y celebridades poniéndole glamour a la cuestión, el triunfo fue para King por 6-4, 6-3 y 6-3. La anecdótica victoria, sin dudas se transformó en el puntapié inicial para que las mujeres obtuvieran el respeto en el tenis, que por entonces estaba muy lejos de recibir el trato de hoy en día. Se registró la mayor asistencia de todos los tiempos para un partido de tenis, con 30.492 aficionados en las gradas -muchos pagando más de 100 dólares el asiento- y se calculó en 50 millones la audiencia televisiva, el segundo espectáculo deportivo de mayor atracción después del Super Bowl hasta entonces. Se gestaron las condiciones ideales para la difusión del mensaje que deseaba dar King. Uno de los comentarios aparecidos el día siguiente, en el New York Times, resume la esencia del acontecimiento: “Lo más importante es que King convenció a los escépticos de que las mujeres pueden triunfar ante cualquier adversidad y que tienen los nervios tan o más fuertes como cualquier hombre”, agregándose el realizado por la misma jugadora en la conferencia de prensa posterior: “Esto es la culminación de una vida dedicada al deporte. El tenis ha estado siempre reservado a los ricos, los blancos, los hombres… Y yo siempre me he comprometido a cambiar esta situación”. King comentó años después, 15 días antes de la muerte de Riggs por un cáncer de próstata, que habló con él por teléfono y, a la distancia, ambos estuvieron de acuerdo en que su actitud marcó la diferencia: “El último chauvinista -como Riggs se definía a sí mismo- hizo más que nadie por el desarrollo de la igualdad de la mujer ante el hombre dentro de la sociedad”, comentó King. “Y no me arrepiento de la decisión que tomé -agregó- porque cuando ahora pienso en aquella época, socialmente la mujer tenía que estar más comprometida que nunca”.


El inviable round robin de la ATP

Un sistema de juego dentro del tenis, el round robin o todos contra todos, sirvió de plataforma de lanzamiento para el codiciado Masters, el torneo final de cada temporada tras la implementación del profesionalismo. Se aplicó en ese certamen en 1970, en Tokyo, Japón, aunque sin estar dividido en grupos, sino único. La primera falencia fue que, incluso perdiendo, un jugador podía levantar la copa el último día. La ATP quiso instrumentarlo en el circuito normal, durante la temporada 2007, como una manera de ofrecerle al pública la chance de ver dos veces, al menos, a un jugador. Evidenció algunos inconvenientes en Adelaida y varios directores de los siguientes torneos no permitieron su utilización. En la Copa Telmex llegó al climax de su problemática, ya que se convirtió en una pesadilla para varios tenistas, entre ellos el ex Nº 1 del mundo, el español Juan Carlos Ferrero, que no podía creer cuando quedó eliminado sin tener posibilidad de pelear por seguir en pie: “Es una puta mierda”, expresó cuando le preguntaron su opinión sobre el round robin... Nadie entendía su aplicación y resultó difícil de seguir para los espectadores y mucho más complicado de explicar para los periodistas. Es más, hasta se tuvo que hacer una conferencia de prensa, a cargo del Tour Manager de la ATP, para explicar los inconvenientes surgidos. Se logró cerrar la semana, pero a partir de allí encontró con una gran barrera en los jugadores. Ferrero perdió en la primera ronda del round robin con el francés Nicolas Devilder por 1-6, 7-6 (2) y 6-0. En su segundo partido debía ganarle al ecuatoriano Nicolás Lapentti en dos sets para lograr un lugar en cuartos. Lapentti se bajó por lesión y lo reemplazó el checo Lukas Dlouhy, sólo destacado en dobles. Ferrero, muy enojado, de esa forma quedó sin posibilidades antes de entrar a la cancha, porque el reglamento ya no contemplaba los partidos del ecuatoriano, pues el que ingresaba como suplente sólo quedaba con un partido y el pase se decidía entre los que tenían más encuentros disputados. No se tomaban los porcentajes sino el resultado del match entre ambos. Otro español, Rubén Ramírez Hidalgo, cayó en el debut del round robin con el italiano Alessio Di Mauro por 6-4 y 7-6 (8) y luego venció a Gaudio 6-1 y 6-1. Sólo necesitaba que Gaudio le ganara a Di Mauro en dos sets para provocar un triple empate y definir por los parciales. Pero el argentino se retiró y Ramírez Hidalgo no tuvo ninguna oportunidad. En su grupo entró el argentino Carlos Berlocq (por Gaudio), que se midió con el italiano sin chances de avanzar. Tanto él como el checo ingresaron como lucky loser el quinto día del torneo, algo inédito. También se gestó una situación fuera de lo común tras el abandono de Calleri: lo reemplazó el checo Jiri Vanek, que había sido eliminado en la primera rueda del domingo inicial y se encontró, de pronto, a un paso de ingresar a cuartos. Terminó perdiendo un partido en la ronda eliminatoria y otro en el round robin. Y lo más increíble lo ofreció el italiano Stefano Galvani, que perdió nada menos que tres veces: en la clasificación (con Brzezicki) y luego en el round robin tras ingresar como lucky loser (con Almagro y Vassallo Argüello). A los pocos meses fue abolido.


Otra vez el round robin: Lendl, el especulador

A 10 años de su presentación como formato del Masters, en la versión 1980 realizada en el Madison Square Garden de Nueva York, se produjo otro dilema organizativo. Se sabía que, según las cuentas (partidos ganados, sets, games) durante el round robin, un jugador podía elegir un rival para las semifinales una vez clasificado, pero el ardid utilizado por el checo Ivan Lendl resultó extremo. Todo comenzó con las victorias del sueco Björn Borg en su grupo, derrotando a José Luis Clerc y a John McEnroe. Con eso, ya estaba en semifinales. Debía jugar contra el estadounidense Gene Mayer, el de menor nivel de los “maestros” esa temporada, para cerrar su zona. Para economizar energías, el sueco se presentó pero perdió, asombrosamente, por 6-3 y 6-0 en pocos minutos de juego. Su meta, reservar físico, se cumplió. Pero, al entrar en acción los números, Lendl -que venía de superar a Guillermo Vilas y a Harold Solomon- vio la oportunidad: cerraba contra Jimmy Connors con la conveniente facultad de decidir a quien enfrentar en las semifinales. ¿Cómo? Ganando, se toparía con el mejor de todos, Borg; perdiendo, tendría enfrente al más limitado, Mayer. No hace falta explicar demasiado el corolario: Lendl “perdió” en dos sets y automáticamente empujó a Jimbo a medirse con Borg. Connors, ofendido tras su victoria, dijo: “Lendl es un tenista sin dignidad”. Al día siguiente Borg venció a Connors por 6-4, 6-7 y 6-3 y Lendl a Mayer por 6-3 y 6-4; en la final, el título fue para el sueco, derrotando a Lendl por 6-4,6-2 y 6-2.


ATP y su Conferencia del Estacionamiento

En pleno US Open 1988, la ATP llegó con diversos problemas en conflicto con la Federación Internacional de Tenis y el Pro Council, que gobernaba el tenis mundial. Los tenistas, de la mano de su CEO, Hamilton Jordan, habían trabajado lo suficiente para presentar una nueva propuesta, nada más ni nada menos que un nuevo circuito. Pidieron “pista” en Flushing Meadows, con el fin de anunciar “algunas ideas referida a los intereses de los jugadores”, pero las autoridades del US Open le negaron la sala de conferencias de prensa. Entonces, apelaron a lo que hoy es un mojón casi místico: llamaron a los medios a una reunión en el estacionamiento exterior, a la salida del Subway 7. Con un pequeño atril y un parlante, le contaron a los medios su parecer y su objetivo. La sensación en el ambiente era de ruptura. Allí estaban Brian Gottfried, Tim Mayotte, Mats Wilander (que era el Nº 1 del mundo), Ray Moore, Paul McNamee, Brad Gilbert y algún otro. El choque era inevitable y las preguntas de la ATP fueron lapidarias: ¿Continuará el Council añadiendo torneos a un calendario ya sobrecargado? ¿Será ese calendario delimitado o seguirá siendo el tenis el único deporte mayor a nivel mundial sin un período de fuera de temporada? ¿Será comercializado por una sola entidad o permanecerá siendo el único en el mundo sin una estructura comercial? ¿Se terminará de una vez el pleito entre el Council, un patrocinador y dos compañías de management, o se proseguirá empañando la imagen de nuestro deporte con batallas judiciales? ¿Se unirán los derechos televisivos de los torneos del Grand Prix? ¿Estarán de acuerdo los directivos de los Grand Slam en contribuir con sus derechos de transmisión o con una parte de ellos? ¿Se unificará el tenis en su totalidad para convertirse en un deporte moderno y bien organizado o continuará siendo altamente fragmentado sin darnos cuenta del tremendo potencial que posee en todo el mundo? Jordan expuso las tres opciones que los jugadores “podían” seguir: 1) “Apoyar al sistema, lo cual es inaceptable para nosotros”. 2) “Apoyar a un nuevo Council, en el que los jugadores tengan voz y responsabilidad en forma proporcional a su contribución al deporte”. 3) “Si los cambios que deseamos en la estructura del Council no se producen, podemos considerar seriamente la organización de un circuito internacional de la ATP, en conjunción con los directores de los torneos que comparten nuestras esperanzas en este juego”. El final fue la creación de un nuevo calendario, el ATP Tour, en 1990.


Boicot de 88 jugadores a Wimbledon

El inicio de la gran controversia del tenis mundial, en 1973, comenzó con la negativa del yugoslavo Niki Pilic a jugar Copa Davis para su país. El jugador venía de cumplir un contrato con la liga WCT (World Championships Tennis) y, ya libre, se afilió nuevamente a la Asociación de Tenis de Yugoslavia. Pero cuando la serie contra Nueva Zelanda apareció en el horizonte, el que no apareció fue Pilic. Esa semana disputó un torneo en Las Vegas. Basados en la reglamentación, los dirigentes suspendieron a Pilic por nueve meses. La Federación Internacional, a su vez, le prohibió entrar en los Grand Slams. La reacción de los colegas de Pilic fue inmediata e inédita: 88 de los mejores, encabezados por el sudafricano Cliff Drysdale -presidente de la ATP- se unieron para pedir por los derechos de elección y lograron, en primera instancia, que la pena se redujera a un mes. En ese lapso Pilic pudo jugar Roland Garros -donde fue finalista- pero cuando la sanción estuvo vigente los organizadores de Roma lo invitaron e intervino de manera antirreglamentaria. Entonces, la Federación Italiana fue multada y se generó el mal antecedente: Hamburgo no aceptó a Pilic por temor al castigo, y tampoco lo hizo Wimbledon, nada menos. La mayoría de los jugadores participaron en el torneo del Queen's Club de Londres, en la semana que precede a Wimbledon, y fue ahí donde decidieron no intervenir en el All England si Pilic era rechazado. Así fue. El boicot fue total y sólo algunos quebraron el pacto, como el checo Jan Kodes -que se quedó con el título-, el rumano Ilie Nastase -finalista- y el británico Roger Taylor, quien cosideró que no podía traicionar a su país. El escandaloso suceso pudo revertirse, porque horas antes del inicio de Wimbledon se informó que Pilic había retirado su inscripción y que no había problemas en que los agrupados en la ATP estuvieran en carrera. Pero los popes del All England no reconocieron la marcha atrás diciendo: “Es demasiado tarde”. Como en 1973, la voz de los jugadores se hizo oír en el sagrado entorno del All England el 25 de junio de 2000, luego de darse a conocer el seeding (la lista de preclasificados) entre los varones. Muchos tenistas de la elite no estuvieron de acuerdo con su posición. Como es tradición, los organizadores de Wimbledon armaron su propia lista sin tener demasiado en cuenta el ranking mundial ATP y la “aggiornaron” según la habilidad de los jugadores en césped y a su criterio. Esto exasperó entre otros a los españoles Alex Corretja, Albert Costa y Juan Carlos Ferrero, tres de los mejores del mundo. Tres días antes de iniciarse el tradicional certamen, estos tenistas dieron a conocer su voz de protesta a la ATP y a la FIT. Ellos pedían que se realice el sorteo de los partidos partiendo de una preclasificación justa, es decir, la emitida oficialmente el lunes anterior por la ATP. En caso contrario “No jugaré Wimbledon”, dijo Corretja, agregando: “La ATP nos obliga a jugar este torneo. Si no lo hacemos, nos multan. Por eso exigimos que también el torneo respete el orden de la ATP”. Enviaron una carta a la entidad que los nuclea y a la FIT para que estudiaran el caso, aunque de antemano sabían que no habría solución: “Claro que nada va a cambiar, pero queremos que sepan que no estamos de acuerdo con las reglas del torneo. No sería ilógico entrar a la cancha, jugar un game y retirarnos en el segundo”, terminó diciendo Corretja.


La polémica raqueta doble encordado

A fines de septiembre de 1977, al jugarse el torneo por la Copa Porée, en el Racing Club de Francia, en el Bois de Boulogne parisino, Georges Goven, limitado tenista francés, ganó su partido de primera rueda contra el notable rumano Ilie Nastase, por 6-4, 2-6 y 6-4. Llamó la atención por la gran diferencia de jerarquía entre ambos, que suponía exactamente lo contrario. Goven había utilizado una raqueta algo extraña y desconocida, de una trama que atrajo la observación por su protuberancia y escasa tensión. Esto le daba un efecto raro, lento y pronunciado a la pelota que, al picar, ganaba velocidad y una dirección imprevisible. Era una raqueta de “doble encordado”, aplicado en el centro de la trama. Las cosas empezaron a hilvanarse. Se supo que desde hacía seis años se conocía esa inusual forma de encordar. El creador fue un aficionado alemán, aunque jardinero de oficio, Werner Fischer, de 37 años. En Vilsbiburg, un pueblo al sur de Alemania, había instalado, hacía un año y medio, una fábrica para hacerlas. Tuvo éxito por un tiempo en algunos certámenes de su país y en Suiza, pero fue prohibida más tarde para los torneos oficiales. Ocurrió otro tanto en Australia y España. En el citado campeonato de Francia, donde se la presentó, ganó curiosos apodos como raqueta “spaghetti” o “rebelde”. La utilizaron varios jugadores, entre ellos el francés Christopher Roger-Vasselin, finalista justamente contra Guillermo Vilas, aunque no le dio resultado: el argentino le ganó 6-2, 6-1 y 7-6 (0), pese a la “endiablada”. Los inconvenientes se trasladaron al inmediato torneo Raqueta de Oro, también en París, donde se la alcanzó a conocer masivamente. En el siguiente certamen, en Aix-en-Provence, Nastase -que había despotricado contra ese elemento- venció a Vilas en la final portando ese tipo de raqueta y cortándole al argentino una racha de 53 partidos consecutivos ganados en canchas lentas. Fue el domingo 26 de septiembre de 1977. Pero todo terminó rápidamente. La Federación Internacional de Lawn Tennis resolvió, el 3 de octubre, “prohibir provisoriamente la utilización de la raqueta de doble encordado y de cualquier otro tipo que tenga alguna protuberancia o dispositivo en su cuadro”. Curiosamente, los directivos ya habían determinado su “defunción” el 22 de septiembre, días antes de aquella definición entre Vilas y Nastase. Al mismo tiempo, designó un comité técnico para tratar el asunto, cuyo informe confirmó ese mismo mes lo resuelto. La FILT, en su reunión de octubre de 1978 en Barcelona, ratificó definitivamente tal prohibición.


Bonus

Köellerer: “Crazy Dani” dio para todo

Tristemente tildado por sus colegas como un “insoportable” adentro de la cancha, el austríaco Daniel Köellerer se pasó gran parte de su carrera cumpliendo suspensiones y pagando multas. En 2005 le hizo la vida imposible a un juvenil Juan Martín Del Potro en la Copa Petrobras de Buenos Aires (incluyendo gestos de burla por los calambres del tandilense y otros simulando inyectarse algo en los brazos, haciendo referencia a los casos de doping de jugadores argentinos); en 2006 fue relegado por seis meses por insultar al español Nicolás Almagro en Acapulco; en 2010 fue descalificado del challenger de Cordenons cuando enfrentaba al holandés Robin Haase (insultó a su rival y rompió seis raquetas, además de hablar constantemente con su coach) y esta misma temporada provocó la suspensión de su compatriota Stefan Koubek, quien no toleró más las malas artes de Köellerer y lo agarró del cuello como para ahorcarlo. Además, en agosto de este año, la Tennis Integry Unit, con sede en Londres, lo condenó a una suspensión de tres meses y una multa de 15.000 euros por facilitar información en su página web, relacionada con las apuestas deportivas.


© Copyrigth Eduardo Puppo - Prohibida su reproducción
Volver a página principal

Coautor tetralogía de libros Historia del tenis en la Argentina, analista de tenis de CNN en español, director Tenniscom.com, director de prensa Copa Claro, Copa Peugeot Argentina, Peugeot Green Tennis Cup, etc.

Columnas anteriores

Torneo de Maestros: un objetivo superior

Copa Davis Argentina vs. URSS 1985
Crónica de cinco días grises


Sampras: un Nº 1 con una actitud ejemplar
El “bueno” de Pete


Creado en 1926
Los secretos del Club Internacional


El difícil arte del “comeback”
Me verás volver


Copa Davis
La primera vez en Argentina, contra Uruguay


Una historia con batacazos
Sorpresas da la Davis


1973. El “caso Pilic” y el boicot a Wimbledon
El primer problema gremial de la ATP


El tenis en dificultades
10 escándalos en el tenis mundial