Tenis histórico


Por Juan José Moro

El Masters y su regreso a Houston, en 2003
El insólito protagonismo de las pantallas gigantes

La ciudad sureña de Houston, en el estado de Texas, era la segunda plaza estadounidense en recibir el por entonces llamado Grand Prix Masters, que reunía a los ocho mejores del Grand Prix de Tenis, un circuito muy parecido al que con los años se conoció como la Carrera de Campeones. Hasta entonces, desde su creación en 1970, el torneo de maestros, que nació itinerante, había tenido sucesivamente diversas sedes y entre el 5 y el 12 de diciembre de 1976 tenía al moderno Summit Arena de la ciudad ubicada a 30 kilómetros del Centro Espacial NASA, como un escenario ideal para la séptima edición de la gran fiesta tenística de fin de temporada.

El Masters de Houston era el último que contaba con el auspicio de la compañía de seguros Commercial Union, que le daba dicho nombre al circuito, y cuatro de los ases de entonces, por distintas razones, faltaron a la cita: Jimmy Connors porque había sido advertido que su contrato con la WCT, el otro circuito paralelo, le impedía participar; Björn Borg y el cuádruple campeón de los Masters, Ilie Nastase, habían optado por participar muy escasamente en la parte final del año; y Adriano Panatta, quien había priorizado la Copa Davis en desmedro de los torneos puntuables. De esta manera, Raúl Ramírez, Manuel Orantes, Eddie Dibbs, Harold Solomon, Guillermo Vilas, Roscoe Tanner, Wotjek Fibak y Brian Gottfried fueron los protagonistas en la ciudad petrolera.

Pese a aquellas ausencias señaladas, el torneo fue un éxito notable, con una concurrencia total récord hasta entonces de 71.975 tickets comprados, lo que confirmó una verdad casi absoluta en las grandes competencias deportivas: que la importancia del evento está por encima de los nombres de los participantes. Ni bien comenzó hubo algo que nos deslumbró por un lado, aunque nos llenó de dudas a los únicos dos periodistas argentinos -el otro era el recordado Atilio Cadorín- que cubrimos los siete días del certamen: dos pantallas gigantes ubicadas en la parte superior de cada cabecera permitían que desde cada una de las 16.000 butacas se pudiese observar minuciosamente todos los puntos jugados, con repetición incluida, al final de los mismos. Con quien luego fuera editorialista de La Nación nos preguntamos al unísono si esa circunstancia no perturbaría la concentración de los jugadores, aunque sin imaginar que llegaría a tener, según uno de los protagonistas, una incidencia directa en la definición de la final.

La programación que perjudicó a Vilas

Después de jugados los round robin de cada grupo, los encuentros de semifinales, ya con eliminación directa, enfrentaban a Orantes con Solomon y a Fibak con Vilas. El partido entre el marplatense y el polaco se jugó el jueves por la tarde, luego que el ganador del Masters del '74 terminara de jugar cerca de la una de la madrugada de ese mismo día el último partido clasificatorio, ni más ni menos que ante Solomon.

Durísimo encuentro que terminó 7-5 en el tercer set y que el periodista especializado británico John Barrett calificara como un “tortuoso rally” para el vencedor. Con otro agravante, que el mismo Vilas confesaría luego de su ajustada derrota: “Después del partido con Solomon no logré dormirme hasta las 5 de la mañana y durante los dos primeros sets no podía ni mover las piernas. Los jugadores creen que esto es verdaderamente un Masters en serio, pero los organizadores no piensan lo mismo... Por lo menos podrían haber jugado antes los dobles”, finalizó su queja Vilas.

Porque ese año, tal como volvió a ocurrir en 2003, ambos Masters se disputaban simultáneamente. Y a juzgar por el desarrollo de aquel partido, razones no le faltaban al mejor tenista argentino de todos los tiempos, como que pese a esa desventaja evidente que tuvo que afrontar perdió en el alargue del quinto set (6-2, 6-2, 5-7, 3-6 y 8-6), tras 3h44m de juego, frente a un jugador que disfrutó de más de 24 horas de descanso.

Había sido una batalla titánica, donde el “león de Melbourne” con el que calificaban algunos periodistas europeos a Vilas, “había muerto peleando y dejado a su oponente muy maltrecho, sobre todo mentalmente”. Un concepto que hasta el propio vencedor reconocería luego de clasificarse finalista: “Yo me puse muy nervioso a partir del 5-4 del tercero y allí pensé que no podría ganarle, algo que se repitió en el 6-5 del último set. Por suerte tuve dos días para recuperarme”.

Los elogios de Kirk Douglas

La final de habla española en la que pensábamos firmemente, se había esfumado injustamente y el partido decisivo ponía frente a frente a Orantes y Fibak. Un partido lleno de jugadas muy vistosas, un duelo táctico muy atractivo y con un trámite que mantuvo el suspenso hasta el final. Pero donde las pantallas a las que aludíamos al principio volvieron a tener un protagonismo casi categórico.

Nuestros pensamientos se hicieron tan ciertos que luego de algunas quejas estuvieron apagadas un tiempo, pero luego fueron otra vez puestas en funcionamiento. Imágenes que mostraban al tenista polaco ganando dos sets a uno en el partido final y con una ventaja que ya parecía decisiva de 4-1 en el cuatro set. En el descanso posterior a ese marcador, las pantallas mostraron un breve reportaje al legendario actor Kirk Douglas (padre de Michael, como dato para los más jóvenes), ocupando uno de los asientos, que elogió el juego de Fibak.

El tenista polaco, desde su silla y mientras esperaba el comienzo del 6º game de ese cuarto set, no sólo se distrajo al ver al actor hablando sobre su juego, sino que también escuchó a la esposa de Douglas al complementar las palabras de su marido: “Pese al marcador, nunca hay que descartar a Orantes; cuidado que él jamás se da por vencido...”. Después que el juez de silla manifestara el clásico “tiempo” para que los protagonistas regresaran a la pista, los espectadores asistieron a otro partido. La distracción del polaco le destruyó su concentración y Orantes sobrevivió tal como lo preanunciara la compañera de Douglas.

En las mismas pantallas se leería tiempo después “Orantes campeón” y el marcador 5-7, 6-2, 0-6, 7-6 y 6-1. Cuando el tie-break de la cuarta etapa marcaba 7-1 a favor de Orantes, su oponente no podía borrar de su mente las imágenes que las pantallas de las cabeceras le mostraran en el fatídico descanso entre el 5º y 6º game del cuarto set. Quien cierto tiempo después fuera el encargado de jugar al tenis con su compatriota, el Papa Juan Pablo II, seguía viendo a la esposa de Douglas con su mensaje premonitorio: “Cuidado que Orantes...”.

Después de 27 años el Masters regresó a Houston. A la misma ciudad aunque un escenario diferente. Sin Vilas, pero nuevamente con presencia argentina. Sin la escala obligada en Miami, para ir desde Buenos Aires, porque American inauguró justo su vuelo directo a Texas. Todo cambió y la mejor prueba resultó lo insignificante que parecían los 284.000 dólares repartidos entonces, con los 3.700.000 que totalizaron los premios de la versión '03. Nada parecía repetirse salvo la emoción por el mejor tenis, pero allí estuvieron otra vez los grandes monitores. Eso si, el director de la transmisión se cuidó muy de no hacer reportajes dirigidos al público durante los descansos...

* Periodista de ESPN Radio Rivadavia, presente en las ediciones del Masters 1976 y 2003 en Houston.

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Periodista de Radio Rivadavia.

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