Foto “Gentileza Archivo Revista El Gráfico”
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Argentina vs. Rumania 1981

Cerca del bochorno
Por Juan José Moro

Para analizar técnicamente la actuación de los argentinos frente a los rumanos resulta fundamental destacar el tipo de superficie que pusieron los locales. El fin, sin dudas, fue perjudicar a nuestros jugadores más que favorecer el rendimiento de Rumania. Fue de cemento, con una pintura que, a la vista, no era la convencional en canchas similares como las del Abierto de los Estados Unidos. El piso era totalmente liso, sin rugosidad. La pelota no tomaba ningún tipo de efecto; el top spin hacía “patito”, picaba bajito y patinaba. Dadas las características de Vilas, luego del pique de sus tiros la pelota quedaba justo para el que está acostumbrado a golpear a la altura de la cintura. Eso hizo que el rendimiento de los tenistas argentinos, especialmente Vilas, bajara notablemente. La cancha de Timisoara fue la más rápida que jamás vimos en el mundo en una competencia oficial. Los nervios de la noche previa, con los problemas que eran de dominio público, hicieron que el primer partido se jugara, para los argentinos, en un escenario poco común. En medio de un ambiente tenso. Vilas enfrentó a Dirzu, que era el más flojo de los dos rumanos, sólo con su servicio a la altura de la circunstancias. Pero detrás de su saque no había argumentos como para concretar un juego sólido. Con ese panorama Vilas necesitó de los games iniciales para adptarse e ir soltándose. Su único problema se centraba en la devolución y en lo fallos de los jueces: el árbitro italiano Di Capri tuvo que corregir más de una docena que favorecía a los locales. Una vez controlado ese aspecto dominó en todo momento. El match tuvo además otra alternativa: a causa de la lluvia se suspendió durante tres horas, lo que sin dudas le vino muy bien a Vilas, ya que en ese lapso se tranquilizó para dominar luego el saque de su oponente y el partido. No jugó bien pero le alcanzó para dar el primer punto. La tarde había avanzado mucho y sólo faltaba una hora para el horario límite, a las 21, para finalizar la jornada. En un estado que no era el ideal -Clerc se había acostado a las dos de la mañana luego de vivir horas durísimas- “Batata” tenía que enfrentar al mejor de los rumanos, Segarceanu, de 20 años. El comienzo nos hizo temblar: 3-0 arriba para el local, que nos dejaba toda la sensación que Clerc pagaría caro la involuntaria trasnochada. El rumano, jugando de fondo, estaba totalmente adaptado a la cancha rápida. Con su contragolpe, excelente revés y buenas piernas tenía argumentos suficientes para inquietar. Clerc recuperó el servicio y, al igual que Vilas, se fue soltando con el correr de los games y, cuando se determinó la suspensión, pudo quedarse con el primer set por 6-4 y nos hizo respirar a todos. Estábamos seguros que, al día siguiente, bien dormido y con mayor tranquilidad, no tendría problemas a pesar del muy buen nivel mostrado por Segarceanu. A las 13 hs. del otro día Clerc entró a la cancha solo. El capitán, Graetz, tal como había ocurrido el primer día, era una figura decorativa. Clerc fue dedicido a terminar con las aspiraciones locales: realizó una exhibición de tenis total. Colocó un 80% de primeros saques y con esa base dominó el encuentro hasta pasarlo por...

© Juan José Moro/Libro "La historia del tenis en la Argentina"/Prohibida su reproducción.