Foto “Gentileza Tennis Oggi”
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Sabatini en Roland Garros 1993

Un antes y un después
por Guillermo Salatino

No caben dudas de que se trató de un partido bisagra. Como reza el título, hubo un antes y un después en la carrera de Gabriela Sabatini. Aquel encuentro por los cuartos de final de Roland Garros contra la norteamericana Mary Jo Fernández marcó la diferencia entre divertirse y sufrir. Hasta aquel partido Gaby disfrutaba de lo que hacía. Entraba a la cancha con seguridad, sabiendo que salvo Graf o Seles, sólo un malestar o un mal día podría entregarle una derrota. Gabriela no perdía con jugadoras inferiores, podía ser una o dos excepciones por año. Siempre sorteaba las primeras rondas con total autoridad. Tanto, que nosotros mirábamos el cuadro y lo único que nos interesaba era saber de qué lado estaban Graf y Seles. Es cierto que de vez en cuando Mary Jo o Arantxa Sánchez Vicario le ganaban, pero debía estar mal ella. Aquel Roland Garros de Gaby se avecinaba como el mejor de todos. Eran tiempos de Dennis Ralston como coach, un ex campeón de Wimbledon, de enorme experiencia y especialista en saques. Era, en definitiva, lo único que desde el punto de vista técnico necesitaba mejorar. Su nivel era tal que en la sala de prensa nadie dudaba de la victoria de Gaby. Bud Collins, el periodista más reconocido del mundo del tenis, me dijo: “Gana el torneo sin perder un set”. El debut fue contra alguien que le había ganado la final de la Dysney Cup para menores de 12 años en Montecarlo, la checa Radka Zrubakova. Fue bicicleta: 6-0 y 6-0. Luego le tocó la francesa Quentrec, a quien venció por un doble 6-3. En la tercera rueda fue el turno de la alemana Barbara Rittner y fue 6-2 y 6-2. En octavos, vaya coincidencia, debió jugar contra la misma jugadora que derrotó en la final de juveniles en el '84, la búlgara Katerina Maleeva. Fue paliza: 6-1 y 6-2. Llegó a los cuartos de final habiendo perdido apenas 13 games. Era una verdadera máquina. De la misma forma jugó contra Mary Jo. A tal punto que dominaba 6-1 y 5-1. Dispuso de no menos de diez oportunidades para ganar el match. Un net, un fleje, un par de doble faltas. Los match point se fueron uno detrás del otro. María José, tal como la llamamos quienes la quisimos y queremos a pesar de aquel partido, como era su costumbre se jugaba desaforadamente. Gabriela, sin embargo, no se entregó nunca. A tal punto que terminó perdiendo 1-6, 7-6 y 10-8. Según Chris Evert fue el partido más emocionante que vio en su vida. Yo la tenía al lado y ella disfrutaba mientras yo sufría como un loco. Así como había ocurrido en aquella final de Wimbledon del '91 yo sentía que el tren ya había pasado. Lo que jamás sospeché fue que aquel tren sería el último, porque como dije y repetiré hasta el cansancio, fue el principio del fin de la carrera de Gaby. Luego de ese encuentro jugaba normal cualquier partido hasta...

© Guillermo Salatino/Libro "La historia del tenis en la Argentina"/Prohibida su reproducción.