
Foto Gentileza Archivo Revista El Gráfico
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Las fotos cedidas por el Archivo de la revista El Gráfico se publicarán por única vez en el libro "La historia del tenis en la Argentina". Los autores de la obra no podrán darle otro destino que el consignado por los editores de El Gráfico.
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Final Copa Davis 1981
Argentina vs. EEUU
Ese fatídico 14º game
¿Cuáles eran las reales posibilidades argentinas en la final? Los pronósticos de la gente vinculada al tenis, en el país y en el exterior, no dudaban en dar como favorito a los Estados Unidos, en muchos casos de manera contundente. Si bien la Argentina apostaría con el 5º y 6º del mundo, ellos potencialmente podía contar con el 1º y el 3º. Las cuentas siempre daban mal para los visitantes. Además, la superficie elegida, una carpeta de goma bajo el techo del River Front Coliseum, con miles de locales alentando, no ayudaba demasiado. Así las cosas, el ex gran campeón Arthur Ashe sucedió a Tony Trabert en el mando del equipo norteamericano y convocó a sus jugadores con anticipación: John McEnroe (1º), Eliot Teltscher (8º), Roscoe Tanner (11º) y el doblista Peter Fleming, que junto a Supermac componían la mejor dupla del mundo. Jimmy Connors prefirió unas muy criticadas vacaciones y se negó a jugar. Ashe sabía muy bien lo que hacía con la nominación: McEnroe buscaba una revancha de todo lo malo que vivió en Buenos Aires en 1980 y Tanner poseía cuatro triunfos sobre Vilas (el último ese mismo año, en el cemento de Flushing Meadows y en sets corridos) y como plus contaba con el saque más rápido entre los profesionales. Dos argumentos concluyentes. Junquet, por su lado, oficializó el conjunto que haría la expedición a Ohio casi sobre la hora: Clerc, Vilas, Cano y Bengoechea. Y las autoridades, esta vez, fueron neutrales: el danés Kurt Nielsen como árbitro general, el británico Robert Jenkis y el suizo Youssef Makar como umpires. La fiesta parecía inclinarse anticipadamente para el lado norteamericano, pero los argentinos fueron dispuestos a amargarles la celebración a pesar de los problemas internos. El primer día se repartieron los puntos cuando McEnroe derrotó a Vilas 6-3, 6-2 y 6-2 y Clerc a Tanner 7-5, 6-3 y 8-6. Yo estaba en un muy buen momento tenístico -afirmó Clerc a la distancia- aunque las condiciones no eran buenas, ya que la cancha era rapidísima y los rivales prácticamente invencibles. El partido contra Tanner lo visualizaba bien para mí. El sacaba muy fuerte pero no tenía ángulos. Por eso, el día antes trabajé con mi coach giros y bloqueos. No debía pegarle fuerte, sino bloquear y meterme constantemente en la cancha para mantenerlo a él atrás. Además, me tenía que concentrar en sacar a tres cuartos de velocidad, para no cometer tantas faltas y poner la pelota en juego. Me tenía mucha fe para ganarle en cinco sets, pero para sorpresa mía y de todos, le gané en tres seguidos. La posibilidad de desnivelar se escondía en el dobles del sábado, aún teniendo enfrente a los imbatibles McEnroe/Fleming, quienes hasta ese 12 de diciembre de 1981 ya habían ganado dos US Open y dos Wimbledon entre más de treinta títulos. Resultó una de las grandes cruzadas del tenis de todos los tiempos. Por juego y por emoción. Cuenta Clerc: En el dobles jugamos excelente. Llegué a Cincinnati sin tener comunicación con Vilas; no nos dirigíamos la palabra por ciertos problemas entre nosotros, pero en ese punto nos apoyamos constantemente. Guillermo siempre necesitaba que el ambiente fuera silencioso por su gran concentración; cualquier movimiento o ruido lo distraía. Entonces McEnroe, cuando el partido estaba ahí, cerca para nosotros, comenzó a insultar a Vilas cuando sacaba. Como yo estaba en la red, lo escuché y le pregunté qué le pasaba. Se acercó y yo le quería romper la raqueta en la cabeza
Insultó a Vilas y luego se metió conmigo. Y yo, cuando perdía la cabeza, también insultaba. Entraron los capitanes y nos calmaron. En el siguiente cambio de lado lo esperé y cuando pasó, lo empujé
Para jugar contra McEnroe había que tener mucho caracter, porque si no le ponías el freno te pisaba. También hubo dudas en el inicio del quinto set cuando entre el capitán y nuestros entrenadores discutieron quién tenía que sacar, si Vilas o yo. Finalmente el capitán dijo Vilas. Lo tendríamos que haber hablado antes de salir a la cancha, pero creo que allí erró la decisión. El descomunal esfuerzo no tuvo premio. Con lo mínimo, por 6-3, 4-6, 6-4, 4-6 y 11-9 (donde Vilas sacó 7-6 para partido), en 4 horas y 52 minutos, el 2-1 quedó del lado local. El tercer día, con el campamento...
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