Foto “Gentileza Archivo Revista El Gráfico”
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US Open 1977

Vilas, el mejor del mundo

Asombro. Esa es la palabra que encierra con mayor exactitud el efecto que causó Guillermo Vilas en 1977, cuando acaparó cada semana la atención del tenis mundial. La "construcción" de su gran obra se basó en varios actos. El 10 de enero, en Melbourne, arribó a la final del primer Grand Slam de la temporada aunque no pudo con el mejor servidor de entonces, el norteamericano Roscoe Tanner. Buen indicio. Se dio una vuelta por Bogotá para jugar un torneo de exhibición (que ganó venciendo al italiano Adriano Panatta en la final) y regresó al circuito con otra final, en Baltimore, donde lo derrotó el norteamericano Brian Gottfried (6-3 y 7-6). Alternó buenas y malas (título en Springfield, final en Palm Springs, semifinales en Ocean City y cuartos en Memphis) hasta conjugar tres capítulos ante el sueco Bjorn Borg: uno de ellos no tuvo resolución (final de Johannesburgo cancelada por lluvia); los otros dos quedaron en poder de Borg (final de Niza y semifinales de Montecarlo). Regresó al país para disputar el Campeonato del Río de la Plata en el Buenos Aires LTC, donde nadie lo frenó; voló inmediatamente a Virginia Beach para derrotar a Nastase en la definición sobre cemento y nuevamente a Buenos Aires, asumiendo su compromiso con la Copa Davis, logrando junto a Ricardo Cano el pase a las semifinales mundiales. Vilas, llevado en andas tras apabullar a los norteamericanos Brian Gottfried y Dick Stockton, dejó una pintura previa de cómo seguiría su temporada. Volvió a Europa pero no quedó conforme con los cuartos de final de Hamburgo y menos con la segunda ronda del Abierto de Italia, donde fue sorpresivamente eliminado por el yugoslavo Zeljko Franulovic por 7-6 y 6-4. Contrariado, subió una marcha de su inagotable motor y concretó el sueño de su vida: campeón en Roland Garros. ¿Satisfecho? Nada de eso. Sosegó su ímpetu en la hierba inglesa (primera, segunda y tercera rueda en Nottingham, Queen's y Wimbledon respectivamente) y con el match inicial en Kitzbuhel escribió el prólogo de una moderna versión antológica de un héroe novelesco. Borg parecía encaminarse a ser el dominador absoluto después de ganar Wimbledon superando a Jimmy Connors en la final. Pero de pronto, ya con el Abierto de Francia bajo el brazo, Vilas entró en el juego grande. Continuó su marcha triunfadora acaparando los títulos de Kitzbuhel, Washington, Louisville, South Orange y Columbus. En los primeros días de agosto Vilas ya acumulaba 28 partidos ganados consecutivos, superando las marcas de Rod Laver (20 en 1974) y Manuel Orantes (23 en 1976) y también las propias, ya que entre noviembre del '74 y marzo del '75 había conseguido 23 victorias seguidas. Pero esas cifras quedarían ridiculizadas con...

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