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Mi pintura del tenis argentino
Por Bud Collins
Boston Globe/NBC
Mientras los años corrían -igual de rápido que Guillermo Coria- me sentí afortunado de ser testigo de un panorama de medio siglo de tenis y saboreé los roles que los argentinos tuvieron en un espectacular crecimiento de su juego. Dos nombres, por supuesto, brillaron en la galaxia: Sabatini y Vilas. A pesar que esos nombres sonarán siempre que el tenis se siga jugando, muchos otros han tenido lugares honoríficos en el desfile argentino. ¿Qué decir de Ricardo Cano, que inesperadamente le ganó a Dick Stockton haciendo posible el vuelco de la Copa Davis jugada frente a los Estados Unidos, en Buenos Aires, en 1977? ¿O de María Terán de Weiss y Norma Baylon, que fueron las primeras top ten de su país? Mucho no saben que María llegó a N° 10 en 1950 y Norma fue N° 7 en 1966, el año en que arribó a los cuartos de final en el mayor torneo norteamericano. También tengo en mi memora a Martín Jaite, que ganó el U.S. Pro en mi ciudad natal, Boston, en 1990, y a Alberto Mancini, salvando un match point ganándole a Andre Agassi la final del Abierto de Italia en 1989. En realidad, el primer argentino que conocí era el alto y cortés Enrique Morea. Un habitual ganador de partidos de Copa Davis durante los cuatro años anteriores, lo vi jugando en dobles con Eduardo Soriano en los Estados Unidos. Fue en 1958. Magnífico en dobles, Ricky fue el primer argentino en alcanzar un campeonato de relevancia: el dobles mixtos de Francia, con la americana Barbara Scofield, varios años antes de conocerlo. También fue tres veces finalista de Wimbledon: en 1952 con la australiana Thelma Long; en 1953 con la norteamericana Shirley Fry y en 1955 con otra americana, Louise Brough. Quedó marcado como un representante respetado de su país, una leyenda de este deporte. Regresando a las imágenes que conservo del tenis argentino, no puedo dejar de comentar un dobles muy inteligente formado por Lito Alvarez y Tito Vázquez, que llegaron hasta los cuartos de final en el U.S. Amateur de 1968. Ni al pequeño y rápido zurdo Franco Davin (ahora exitoso coach), víctima de una noche bizarra en Roma 1987: Davin estaba dejando fuera a John McEnroe en la primera rueda del Abierto de Italia, con la lógica decepción de los organizadores del torneo. Franco siempre estuvo arriba y parecía el posible ganador. Pero imprevistamente, las luces del estadio central se apagaron, dándole al famoso vende-tickets-McEnroe la posibilidad de respiro. Finalmente, agobiado por el apagón, Davin titubeó y perdió el encuentro por 3-6, 6-2 y 6-3... Pero fue el surgimiento del joven toro de Las Pampas Guillermo Vilas, de 22 años, en 1974, el que impulsó a la Argentina como una potencia tenística. Como el original Toro Luis Firpo, que casi le quita la corona al campeón peso pesado Jack Dempsey en 1923, Vilas era algo así como...
© Bud Collins/Libro "La historia del tenis en la Argentina"/Prohibida su reproducción. |