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El vulgar juego del veo-veo
Es triste observar el comportamiento de aquellos que quieren demostrar cuánto saben de un tema, opinando como catedráticos y equivocándose por varios cuerpos. Y si de medios periodísticos se trata, es peligroso cuando no miden los alcances ni el poder que poseen en las manos. El papel aguanta lo que le escriben acuñó sabiamente alguien... Diarios, revistas, radios, tv o internet pueden tomar forma de sofisticados misiles destructivos. Esta última Copa Davis, rodeada por escándalos buscados y otros encontrados, me dejó pasmado.
Fui testigo de momentos claves: entrenamientos previos en Buenos Aires, conferencia de Nalbandian; hablé con médicos, coaches, familiares, representantes, capitán... Y estuve en Málaga, en mi doble función de periodista y Jefe de Prensa de la delegación argentina. Dos funciones que, modestamente, aprendí a dividir: aquellas cosas que circunstancialmente vivo en un vestuario, por ejemplo, jamás lo trasladé a una nota ni las divulgué. Eso me convierte, para mi tranquilidad, en objetivo y confiable en el momento de mezclar las piezas y buscar respuestas.
Pero esta vez sentí que los límites se corrían inexplicablemente. La popularidad que el tenis está cobrando gracias a los éxitos, trascendiendo más allá de los acotados lugares que frecuentaba, empuja a que muchos crean tener derechos. Como el de enjuiciar, nada menos. Me asombró escuchar en una radio atosigar a Nalbandian diciéndole bueno, podrías ir a España y jugar un doblecito y hacer acto de presencia.... La ligereza del comentario y el desconocimiento del deporte profesional colocaron al jugador en una posición incómoda, aunque el mismo David se encargó de poner a ese desinformado periodista casi en ridículo: si tuvieras una mínima competencia médica no dirías lo que estás diciendo y más si alguna vez jugaste al tenis.... Y parece que nadie escuchó al cordobés cuando dijo: hago todo para jugar la Davis. Por lo menos intento siempre todo. Inclusive le pregunté al médico si convenía infiltrarme para jugar y me dijo que no valía la pena correr semejante riesgo... Pero no, no pareció sincero en la frenética búsqueda de lo amarillo.
Más tarde, en esa quincena quasi trágica que duró el capítulo Copa Davis, no podía dar crédito leyendo cosas como: no se puede admitir que los mejores jugadores de la actualidad no se encuentren en España por lesiones que el tiempo dirá de su gravedad.... O, descartando cualquier atisbo de recuperación, otras como la excursión en pleno desarrollo en España (...) va en camino a un final catastrófico porque sus integrantes -salvo alguna excepción- no tienen la menor idea -o lo disimulan muy bien- de lo que significa la representación de una delegación argentina...; Ellos eran de otra estirpe a la hora de la apuesta por el honor deportivo, comparando a ex grandes del deporte argentino con los actuales tenistas, catalogándolos como pseudo representantes nacionales. Y hubo más: ...el único masacrado fue Gaudio (...) Sufrió un 6-0 y 6-0, sin atenuantes. Sin pelea. Sin ganas. Sin reacción. Sin calentarse siquiera....
En otras páginas se analizó el no frenar a tiempo: ...aunque representar al país resulte fascinante, y aunque los dos (Coria y Nalbandian) se hayan cansado de hablar del orgullo y la emoción que se siente al jugar la Davis, es el jugador profesional el que le gana la pulseada al tenista del sueño celeste y blanco, agregando, quizás acertadamente, que ...sus ganas de jugar la Davis son bien sinceras. Pero sus ganas de triunfar cada semana y de ganar dinero en la corta vida del tenista de elite, son tan genuinas como aquel espíritu amateur.... Otros apuntaron a dirigentes y allegados, para que aconsejen a sus jugadores a no exponerse a situaciones contradictorias, como una sorpresiva aparición de Nalbandian en televisión, moviendo glúteos o peloteando con el animador. Fueron entendibles. Interpretaciones más atinadas decían: ...lo que le ocurrió a Gaudio no fue ni más ni menos que una derrota en un partido en el que representó al tenis de su país. Lo cual, está visto, hiere la sensibilidad de muchos y resulta imperdonable para casi todos, en tiempos de voracidad general y triunfalismo como valor supremo; En una cancha de tenis caben la gracia y la desgracia, el éxito y la derrota, la lógica y la sorpresa (...) Viendo andar a Zabaleta (...) también cabe algo que sólo el tiempo repara. Algo que se llama dolor; Más que nunca es el momento de pedir un sinceramiento. De todos. De los que vinieron y sufrieron, de los que no pasaron por aquí y lo siguieron por televisión (...) Encerrarse todos juntos (jugadores, dirigentes y capitán) y definir qué se pretende conseguir. Sin chicanas o palabras que se escuchan, se dicen y se aseveran siempre off the record...; Gaudio jugó muy mal ante dos adversarios que lo hicieron muy bien y no tuvo actitud para intentar hacer algo distinto. Pero la carnicería argentina se tiró contra él. Y despedazó a quien debía ser titular aún con Coria y Nalbandian en el equipo...
Corriendo al costado versiones profesionales que merecen respeto, ¿tenemos derecho a tanta opinión gratuita? ¿Todos vieron la muñeca de Nalbandian, comprobaron cuántos milímetros de desgarro tenía Coria, discutieron el tema con los médicos? ¿Saben que para jugar en este nivel no alcanzan las ganas o la camiseta? ¿No los ruboriza darse vuelta como un panqueque, alabando a Gaudio por ser copero y al minuto condenarlo a que nunca más juegue la Davis? No pretendo justificar a los tenistas ni ser condescendiente. En absoluto. Según el cristal: para algunos Gaudio transmitió desgano; para otros jugó como cuando ganó; no existieron las lesiones, sí existieron... Pero mostrar extremismo y ceguera es demasiado. El hincha, la gente del tablón que no está obligada a conocer en detalle cómo se comporta un deportista de elite, quizás posea esa libertad. Nosotros, los que manejamos cotidianamente información, tenemos que bucear un poquito más, documentarnos y luego, si se justifica, lanzar responsablemente dardos. Lejos de hacer periodismo de periodistas y pidiendo disculpas de antemano a quienes les moleste, esta vez, en el juego del veo, veo, muchos miraron cualquier cosa.
© Eduardo Puppo - 2003.