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Sí o no a la camiseta
¿Qué está bien y qué está mal? ¿Cuándo decir sí y cuándo decir no? ¿Darle la espalda a una convocatoria para representar al país es ser antipatriota? ¿Es comprensible que un tenista profesional prefiera jugar un torneo del circuito antes que la Copa Davis o la Fed Cup? Todas estas preguntas cobraron vida en la semana que nuestro país enfrentó a Eslovenia, precisamente por Fed Cup.
Luego de una larga serie de desencuentros entre las jugadoras y la dirigencia, las renuncias de las dos mejores argentinas ubicadas en el ranking mundial desembocó en un equipo de emergencia, que no pudo luchar de igual a igual contra las visitantes. Paola Suárez y Clarisa Fernández fueron negociando con la Asociación Argentina de Tenis cuando la serie se acercaba peligrosamente. La semana anterior, con el tiempo agotándose, desde Amelia Island llegó la negativa definitiva: no había más lugar para el diálogo.
Oficialmente se informó que el arreglo era el mismo que el realizado con los jugadores de Copa Davis: 70% de los premios y 50% de lo que aportara el team sponsor, quedando a cargo de la AAT los gastos del match. Y las jugadoras respondieron vía e-mail que estaban "cansadas de las conversaciones y de los problemas anteriores" por lo que no aceptaban el arreglo propuesto por la AAT. Hasta allí lo conocido. Si hay más detrás del telón, no lo sabemos.
El equipo nacional quedaba diezmado y, para colmo, sin chances de contar con Mariana Díaz Oliva y Laura Montalvo, lesionadas, ni con Gisela Dulko, quien había dicho que no podía mucho antes. Las voces se alzaron por el lado del pase de factura. Muchos allegados al tenis criticaron la decisión de Fernández, por ejemplo, ya que gran parte de su carrera fue bancada desde las arcas de la AAT, en el espacio de la Escuela de Alto Rendimiento. Y por esa razón no debería negarse cuando la llaman. Un tema que da para largo. Es la famosa papeleta que históricamente intentan hacer firmar a los que son ayudados desde el oficialismo como en tantos otros países- para que luego no pase lo que pasa habitualmente. Pero nunca quedó claro el sistema.
Una de las grandes anécdotas que tiene relación directa con representar o no al país en el deporte se remonta a 1973. Fue cuando el yugoslavo Niki Pilic quien nos visitó como capitán de Croacia hace muy poco- se negó a jugar Copa Davis y creó un efecto dominó imprevisible. La Federación Yugoslava lo sancionó desafectándolo de futuros equipos y advirtiéndole sobre participar en el circuito. Aún así, Pilic jugó el Abierto de Italia y allí se armó el gran alboroto: la Federación Internacional lo suspendió por tres meses y de esa manera el yugoslavo no pudo jugar Wimbledon. La ATP salió a defenderlo pero el tribunal de la FIT ratificó la pena. Entonces, los mejores jugadores se unieron boicoteando nada menos que al torneo inglés. Así fue como 79 jugadores cancelaron sus inscripciones en una pobre edición que ganaría el checo Jan Kodes. La ATP se fortaleció con el caso Pilic dándole poder a los tenistas, dejando en claro que podían elegir jugar donde quisieran. En ese momento tuvo más fuerza ser libres que defender la bandera.
Más cercano a los argentinos, todavía se escuchan los insultos que bajaban de las tribunas en 1982, cuando Francia jugó en el Buenos Aires la Davis. El destinatario era nada menos que José Luis Clerc, quien no fue de la partida y el equipo compuesto por Vilas, Cano y Alejandro Ganzábal- perdió 3-2 en primera rueda. Se lo rotuló de chileno traidor por el hecho de entrenar en aquel país con su coach, Patricio Rodríguez. Las causas de su ausencia, nunca aclaradas públicamente, lo condenaron durante años aunque luego Batata se encargó con triunfos y buena onda- de revertirla. Pero todo partió de aquella negativa, que hoy no vale la pena catalogarla de justa o injusta.
Y el último de los no entre los varones fue el de Guillermo Coria, convocado por Gustavo Luza para el match ante Rusia, pero justificado en parte por el problema del Mago en los pies: prefiero dar un paso al costado. Me mato si tengo que jugar un partido largo en la Davis y las ampollas me hacen abandonar dijo cuando explicó su decisión.
La derrota frente a Eslovenia dejó un balance negativo también en lo económico ya que la recaudación por entradas fue pobre para no decir nula- y los sponsors no se acercaron. De los 35.000 dólares que pagará la FIT por la primera rueda hay que descontar el cachet de las jugadoras y los gastos generales para montar el escenario de juego. Se ganó plata en la Davis, se perdió en la Fed Cup. Pero no es lo más importante, por supuesto. Las preguntas regresan: ¿es mezquino rechazar unos cuántos miles de dólares para vestir la camiseta argentina si no se está de acuerdo con quien los administra? ¿O hay que aceptar bajo cualquier condición? El tiempo, ahora, cumplirá con su tarea bajando tensiones y acercando a las partes para que el futuro sea menos enmarañado y más justo para todos.
© Eduardo Puppo - 2003.