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Atenas y Nueva York
¿El tenis argentino hizo agua?

Después de un primer semestre sin desperdicios para el tenis argentino y cuando todo hacía suponer que en la segunda mitad se afirmaría la conquista de un excelente posicionamiento mundial, la gran ola se vino abajo de pronto. Pero no es el fin del tenis, como -otra vez- los conocidos difamadores de turno comenzaron a sermonear. Nada que ver. Sí es vital observar la realidad, que a veces es descarnada. Y lo mejor es ir por temas.

Primero, las benditas lesiones, que ya tratamos en el editorial anterior y fueron el semáforo rojo para los más encumbrados: tanto Guillermo Coria (aún recuperándose en España de la operación en su hombro derecho), como David Nalbandian (que ni siquiera pudo jugar en Atenas y regresó en el US Open sin ritmo de competencia) fueron los más perjudicados de acuerdo a la proyección que insinuaban en aquellos seis meses iniciales. En el momento de cerrar esta edición, el único que tenía prácticamente asegurado su lugar en la Tennis Masters Cup era Gastón Gaudio, algo impensado allá por fines de mayo. Nadie lo ponía en sus previsiones y hoy por hoy -a menos que el 15 de noviembre no esté entre los 20 mejores de la Carrera de Campeones- es número puesto para desfilar con los otros siete mejores clasificados. Cuando en Roland Garros se hacía el sorteo del cuadro principal, se hablaba sólo de Coria y Nalbandian como los que repetirían su viaje a Houston. Ahora habrá que esperar si el cordobés "recauda" los puntos que le faltan en la parte final del calendario (sólo había jugado un partido entero en tres meses cuando sacó ticket para Nueva York) y si el "Mago" se rehabilita a tiempo. Dos incógnitas.

A ellos se sumó Agustín Calleri (que debió dar walk over en su segundo partido de los Juegos), generándose una aglomeración de problemas extratécnicos que desembocaron en la "ira desinformada" de la gente, apuntalada por los difusores no especializados, que siempre se prenden a la hora de criticar y destruir gratuitamente. De este tema ya escribimos de sobra.

Segundo, que momentáneamente no se logren grandes resultados no desmerece -en nada- el trabajo que vienen cumpliendo. Desde enero de 2002, cuando los últimos argentinos fueron eliminados en la tercera ronda del Abierto de Australia, siempre tuvimos presencia en la segunda semana de los Grand Slam. Y entre ellos, el recuerdo imborrable de la final de Nalbandian en Wimbledon, sus semifinales del US Open del año pasado, la final Gaudio-Coria en Francia y varios cuartos, además de todo lo bueno de Paola Suárez en singles y dobles. ¿Nadie suma estas cosas a la hora de opinar?

Es interesante recurrir a las declaraciones de Guillermo Cañas -el que más lejos llegó en el abierto norteamericano de los siete varones que jugaron- quien le restó dramatismo a los juicios: "hay que ver el lado positivo. Por mi lado, logré la mejor actuación en Flushing y eso demuestra que voy recuperándome. Pero nos jugaron en contra las lesiones, ya que si Coria y Nalbandian estarían en condiciones normales, nadie hablaría de estas cosas". Con estos conceptos se retoma el capítulo físico. Sigue firme la teoría que liga a las lastimaduras con el miedo a ingerir suplementos que fortalezcan los ajetreados cuerpos. El US Open sirvió para comprobar que no sólo los argentinos sufren las consecuencias. ¿Saben qué pasó?: apenas comenzada la cuarta ronda ya habían abandonado siete jugadores (Labadze, El Aynaoui, Ljubicic, Mayer, Philippoussis, Kiefer y Pavel) y Kuerten anunciaba que debía operarse nuevamente de la cadera. Nalbandian, blanco de muchas acusaciones cuando arribó a Grecia, acotó: "no tenemos que mirar únicamente lo que pasa con nosotros; los demás también se lesionan. Ferrero paró tres veces, muchos norteamericanos están rotos. Es que jugamos muchísimo, todo el tiempo..." Y aquí entra en juego la relación cantidad-calidad: los mejores tenistas juegan menos torneos, porque ganan y suman más y tienen menor desgaste anual, si bien es cierto que son seres humanos iguales a los argentinos. Más data: el Nº 1, Roger Federer, participó en 13 torneos hasta principios de septiembre. Juan Ignacio Chela lo hizo en 22, Gastón Gaudio en 20 y Coria, aún con la conocida intermitencia, en 14, uno más que el suizo. Una diferencia llamativa y aclaratoria.

Otro ítem que la gente ve como falencia es el rendimiento sobre superficies rápidas. Otra imagen confusa, ya que está demostrado con resultados que han capturado excelente puntaje en ese tipo de piso. ¿Números?: esta temporada Coria fue finalista en el Nasdaq (donde le estaba ganando a Roddick antes de lesionarse), hizo cuartos en Indian Wells y en 2003 llegó a esa misma instancia en el US Open; Cañas, octavos del Abierto de Australia (le ganó a Henman, un especialista en rápidas); cuartos de Boca Ratón, octavos del Nasdaq (a Haas y Schalken, perdió con Roddick) y ganó antes en Chennai y Toronto (¡a Roddick!); Nalbandian, cuartos del Abierto de Australia (perdió con Federer ahí nomás); campeón en Basilea 2002, finalista en Canadá y Basilea y semifinalista del US Open el año pasado; Chela, cuartos en Long Island e Indian Wells (¡superó a Hewitt y a Haas!); octavos de Canadá y Cincinnati (a Nadal y a González); tercera rueda en el Nasdaq; fue finalista en Long Island y Sydney 2002; Calleri, semifinalista en Doha; cuartos del Nasdaq (¡eliminó a Agassi!); octavos en Indian Wells (a Nadal) y finalista en Costa Do Sauipe...

O sea: el fuerte de ellos es el polvo de ladrillo -se acepta- pero no debemos despreciar lo hecho en canchas duras, que los ayuda a estar donde están -otra verdad- y quien piense lo contrario quizás deba pasarse al bando de los exitistas. Porque si bien se cortó una serie de 10 grandes torneos con presencia argentina al menos en octavos de final y el Grand Slam que cerró 2004 fue para el olvido (precisamente porque hacía tanto no pasaba), seguramente será algo pasajero y volverán por más.

Para redondear, a las penurias de nuestros jugadores fuera de una cancha se le sumó la gran performance de Nicolás Massú y Fernando González en los Juegos. Pusieron el físico y el alma a pesar de estar lesionados y se quedaron con los oros olímpicos. La "calle", entonces, vivió días de furia comparando las supuestas actitudes. Y fue letal: "que aprendan de los chilenos, que no se quejaron de nada y jugaron igual" fue la frase recogida en cualquier ámbito. Pero nadie tomó el draw y visualizó cómo y con quiénes cayeron, poniendo en la balanza todos los ingredientes. No es una defensa declarada a los actuales tenistas argentinos, sino una manera de presentar en blanco y negro elementos consistentes para aquellos que deseen comprender mejor qué está pasando. Para aplicar puntos de vista pero con objetividad en una mano y estadística en la otra. Para que la memoria no falle demasiado.

© Eduardo Puppo - 2004



* Director Tenniscom.com, analista CNN en Español, Director Prensa ATP Buenos Aires, Copa Petrobras, Copa Peugeot Argentina, etc. Cubrió más de 40 Grand Slam además de Copa Davis, Copa Fed y Masters de damas y caballeros.