>> Volver a home

Atenas 2004
Un par de sueños rotos

Si fuera el lamento de una señora haciendo las eternas colas para pagar un impuesto o cobrar su jubilación, el título sería "Siempre la misma historia". Ese es el comentario base que escuchamos de muchos allegados al tenis y de gente que sólo conoce de este deporte aquello que residualmente capta de las noticias. El tema ya lo tratamos aquí varias veces, con mayor énfasis en mayo y en septiembre de 2003: las lesiones, sus causas y consecuencias. Dos de ellas cayeron como un balde de agua fría, a escasos días del comienzo de los Juegos en Atenas: las bajas de Guillermo Coria y Gastón Gaudio, dos de los candidatos a capturar una medalla para la Argentina, que se niega desde 1952.

Entonces, las malas lenguas iniciaron su embestida: "no quieren representar al país", "se borran de nuevo", "son unos c...", etc. Subimos a la máquina del tiempo y las opiniones gratuitas nos dan en la cara de un lado y del otro. Otra vez, muy pocos se tomaron el trabajo de averiguar más. Fueron especulando desde hace unos meses, cuando se jugó Copa Davis en Belarús y el mismo Coria desistió de formar parte del equipo. En ese instante despertaron las críticas archiconocidas, que se repiten ahora, aunque con menos animosidad, recobrando vida cuando ya deberían estar sepultadas. Repasemos: se destruyó el mal paso de Gastón Gaudio en Málaga ("este muchacho da lástima" fue la acusación más leve); luego se lo endiosó cuando ganó Roland Garros este año… Se difundió hasta en la sopa la negativa de Coria y Nalbandian para esa misma serie; días más tarde fueron los reyes del tenis argentino por clasificar para el Masters de Houston... Se catalogó de "tener calambres mentales" a Mariano Zabaleta, cuando no pudo correr más frente a Moyá en aquella expedición del terror a la península ibérica; se transformó en el "león del tenis" cuando campeonó en Suecia venciendo al mismo Gaudio en la final... Según lo que estamos viviendo, hay que seguir soportando más de lo mismo. Tregua, por favor.

Llegaron los Olímpicos y regresó la pregunta: ¿hay que aceptar bajo cualquier condición cuando la bandera está en juego? Definitivamente no. Quedó demostrado que no. Desde lo ético y desde lo profesional. Porque no se puede ir alegremente a competir en semejante nivel sin estar al ciento por ciento. Sería mentirle a todos. Que Coria no viaje para buscar la presea que de chico soñó es motivo de aquellas "quejas" sin sustento posible. Por eso es conveniente repasar los antecedentes: en Auckland no se presentó en segunda rueda frente al eslovaco Hrbaty por una distensión en el recto abdominal; arribó hasta la final del Nasdaq-100 Open en Miami y tuvo que abandonar frente a Roddick por un cólico que le hizo orinar sangre, obligándolo a no jugar en Belarús por Copa Davis; en el Abierto de Francia, con match point a favor, se desplomó por calambres ante Gaudio; fue a Wimbledon para olvidarse del mal trago y comenzó a sentir molestias en el hombro derecho que lo alejaron 32 días del circuito; se reinsertó en Montreal y cuando perdía el primer set 1-5 ante el peruano Horna, otro abandono; a pesar del problema voló a Cincinnati mientras se hacía intensos tratamientos kinesiológicos, con la idea de probar; no sirvió y se borró del cuadro; se hizo atender por fisioterapeutas de la ATP por una supuesta tendinitis en la zona pero, sin estar convencido, pegó la vuelta a la Argentina y se hizo una resonancia magnética completa: más que una simple tendinitis, tenía muy mal el tendón del bíceps obligando a continuar con los estudios y cancelar su ficha en Atenas. Días después fue operado en Barcelona (neuropaía del nervio supraescapular) por el Dr. Angel Ruiz Cotorro de la Federación Española de Tenis y le dijo chau al US Open, peligrando su lugar en Houston, desde el 15 de noviembre.

Y lo de Gaudio, después de mucho ajetreo con tres finales consecutivas y el desgaste en el cemento norteamericano, lo depositó en Buenos Aires para un chequeo, comprobándose un fuerte dolor post traumatico del talón derecho, que se agravó con su andar en cancha dura, y un traumatismo en el hombro derecho. Afuera de la pelea y entrada de Agustín Calleri, sexto argentino clasificado en el Entry System del 14 de junio, fecha límite que se tomó en cuenta para estar habilitado.

¿Qué efectos colaterales trae todo esto para el jugador? Anote: pierde puntos y puestos, pierde miles y miles de dólares, pierde exposición (o sea, dólares) de las empresas que lo auspician, y pierde confianza, match-play y, según cada personalidad, quién sabe cuántas otras cosas... Nadie, en su sano juicio, tomaría estas decisiones con el oscuro fin de no representar a su país, ¿no?

Desde que comenzó 2004 Coria dijo a quien le preguntara: "basé el calendario en los Juegos, me muero por ganar una medalla". Hay que creerle. Entre resignación y tristeza, cuando llegó a Buenos Aires sin saber qué escribirián los médicos en el papel de los estudios, era optimisma pensando que "tal vez no sea tan grave y no tenga riesgos de llegar bien a Atenas. No quiero perderme esta posibilidad por nada, no quiero que me pase como en la Copa Davis, que me la perdí tres veces..." No fue así y le dijo adiós a su ilusión olímpica.

En el momento de escribir esta nota, otro de los favoritos, David Nalbandian, buscaba recuperarse de una lesión en su codo derecho que le impidió participar en el Masters Series de Cincinnati. Se fue a Miami para tratarse y descansar, pensando en su viaje a Grecia, que esperemos se concrete.

Y para alejar más especulaciones, él y Coria estaban anotados como una de las parejas de dobles para Atenas (al igual que en Cincinnati, que no pudo concretarse porque ninguno participó), alejando los fantasmas de su "mala relación" que algunos pregonaron bastante tiempo. Ellos estaban muy entusiasmados con volver a los viejos-cercanos momentos de juveniles, donde ganaron, por ejemplo, el dobles de Wimbledon. Más leña para cerrarle la boca a los exitistas.

Hay demasiadas cosas positivas como para aferrarnos a las conjeturas destructivas. Cerremos repitiendo antiguas y sabias palabras de los protagonistas: no alcanza tener ganas ni la camiseta para moverse en torneos tan exigentes; a veces se quiere, pero no se puede. Simple.

© Eduardo Puppo - 2004



* Director Tenniscom.com, analista CNN en Español, Director Prensa ATP Buenos Aires, Copa Petrobras, Copa Peugeot Argentina, etc. Cubrió más de 40 Grand Slam además de Copa Davis, Copa Fed y Masters de damas y caballeros.