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Sigue el gran momento del tenis argentino
¿Qué significa todo esto?

Sin intentar descubrir nada, esta situación que se viene dando desde hace bastante tiempo, aunque con la lentitud lógica que toda recuperación exige, ratifica que el tenis nacional recobró su salud. Y sucedió a pesar de las condiciones inoportunas de una economía vacilante. Ya lo escribimos aquí en marzo del año pasado, citando la confusión que la crisis generó para deportes que requieren de contienda internacional. Decíamos que hacía falta creatividad para mantener la esperanza viva, pero sin resentimientos ni especulaciones.

Las tormentas se van soportando. Hoy, aún sin gozar de un florecimiento material muy claro, los esfuerzos continúan incentivados por la imponente presencia en el contexto mundial. Las dos semanas mágicas vividas en París pueden resumirse con un ejemplo gráfico: fue un "libro abierto" de cómo jugar sobre polvo de ladrillo; lecciones magistrales de defensa y ataque desde atrás, con pinceladas soberbias y sorpresivas. Y para que todo sea todavía más conmovedor, se vieron regresos y confirmaciones sumamente esperados.

Para quienes siguen al tenis a diario simplemente como aficionados y para los que representa un medio de vida, esto es maravilloso. No sólo Gastón Gaudio tocó el cielo con las manos. A partir del lunes 7 de junio de 2004, en los ránkings mundiales, la palabra “ARG” se encolumnó orgullosa en los primeros puestos: tres top ten en varones, una top ten en damas… Estas son las cosas que hay que remarcar y visualizar en primer término.

Ahora bien, como es obvio que el ser humano está contínuamente predispuesto para sonreir ante los flashes y que es común que broten como hormigas "responsables" del éxito en sus más ocurrentes versiones, no tenemos que dejarnos engañar.

Ya escuchamos algunas voces por ahí pregonando que este presente es producto del trabajo oficial. Ante esto, es conveniente hacer un alto y sentarse a destejer la madeja con mesura: el aporte de una institución deportiva es justo y necesario; los presupuestos deben contemplar sí o sí el desarrollo -con el fin de lograr la continuidad tras una explosión- y hacerlo no significa una proeza; tiene que ser algo natural. Y si llegan las escurridizas victorias, bienvenido sea. Traduciendo: la AAT posee una fracción de mérito importante; de ninguna manera mayoritaria. Acatando el sentido común, fue destinando fondos para que una cantidad de menores disfruten de mejores plataformas de crecimiento. Hay que reconocer ese sustento, pues gracias a él surgió un fragmento de esta estupenda "banda".

Pero es igualmente cierto que un lote de promesas no contó con un sostén oficial mínimo (por razones justificadas o no; no es el caso analizarlo aquí) y quedaron atrás.

Entonces cobran vigencia las duras críticas que tantos jugadores y allegados al tenis le hicieron a los dirigentes en los últimos años, ya sea por falta de apoyo ("yo nunca recibí ayuda"), de ideas ("hay miles de cosas mejores para hacer") o de claridad en la conducción ("no puede ser que no haya renunciado la cúpula después de la plata que faltó"). A pesar de las contramarchas, otra masa de jugadores escarbó en tierra árida. Con préstamos personales o ayudas particulares y mucho valor lograron nombre y apellido en el tenis de elite. Es la franja vigente más ancha. En Roland Garros, Gastón Gaudio habló del tema: "Lo único que puedo decir es que, cuando éramos chicos, nuestras familias hicieron demasiados sacrificios para que nosotros jugáramos al tenis. Sufrimos mucho porque había problemas de plata y teníamos que quedarnos un mes en Europa para ahorrar un billete. Son pequeñas cosas que nos hacían sufrir. Y cuando no tuviste nada, ganar se valora mucho más". Y atención, no estamos cuestionando a nadie ni nada. Estamos buscando respuestas que expliquen coherentemente el origen de la sublime actualidad y que no se aprovechen del envión para adueñarse de la gloria.

Intentemos un camino: sin dudas nace en el seno familiar, cuando un chico decide jugar al tenis. Continúa con el apoyo de sus padres, quienes lo llevan y traen de un lado a otro, haciendo maravillas con horarios y gastos; restándole tiempo al descanso después de trabajar de sol a sol. En algunos casos entra en acción el club, cediendo canchas, luz en los entrenamientos nocturnos o poniendo a disposición a sus profesores. En otros, los mismos profesionales se "hacen cargo" sin cobrar un peso, algo que no siempre se sabe y es tan digno como ejemplificador. A medida que avanza en su tenis, el pequeño requiere de más atención y más dinero. Si tiene la suerte de ser un dotado y no lo destroza la selva monetaria, avanzará en los ránkings, lo deberán tener en cuenta para equipos juveniles y viajes, conseguirá mejores condiciones para contar con equipo competitivo, etc. Si es un prodigio inminente y lo frena el monstruo económico, quedará a la buena de Dios. Será un caso más de valores que se diluyen. Así es, rotundo y desmoralizante.

En definitiva, el crédito corresponde a cada una de las partes involucradas en la formación (chicos, padres, profesores, dirigentes) y a cada “socio del silencio” que colabore con el producto final. De ninguna manera a un frente puntual. Ya sabemos qué significa tocar fondo y no aprovechar un boom (no involucrar a los ídolos, invertir mal las ganancias, esperar demasiado del logro individual, no cuidar el patrimonio, etc. etc.). Y no es ecuánime cargarle toda la responsabilidad a los que dirigen el tenis, de quienes sí esperamos se organicen de la mejor manera para no perder el tren que pasa bondadosamente de nuevo.

Ahora las canchas se pueblan de gente con ganas de jugar otra vez; se habla de tenis en los supermercados, los bares, las oficinas. Ese efecto dominó que mencionamos tantas veces –que los profesionales han sabido asimilar potenciándose entre ellos-, llegará inexorablemente a los escalones elementales (jugadores de fin de semana, escuelas de tenis, federados) y de allí rebotará con la fuerza que cada uno le asigne. Lo primordial es que nadie, desde el lugar que ocupe, desperdicie las oportunidades para garantizar o procurar un buen futuro. Y nos referimos al destino deportivo y social. Al fin de cuentas, de eso se trata: que el ejemplo de los campeones dentro de las canchas sirva para hacer grandes personas fuera de ella.


© Eduardo Puppo - 2003.



* Director Tenniscom.com, analista CNN en Español, Director Prensa ATP Buenos Aires, Copa Petrobras, Copa Peugeot Argentina, etc. Cubrió más de 40 Grand Slam además de Copa Davis, Copa Fed y Masters de damas y caballeros.