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La ¿eterna? batalla de sexos
La polémica volvió a instalarse en los niveles más altos de opinión durante el Abierto de Australia y ante una mínima chispa: el norteamericano Brad Gilbert, actual coach de Andy Roddick y ex de Agassi, dijo como al pasar que "más de 1.000 tenistas hombres podrían ganarle a una Justine Henin..." Esa apreciación nació espontáneamente del entrenador del Nº 1 del mundo al ser consultado sobre el poder del tenis femenino comparado con el masculino. Y fue suficiente para que, una vez más, se desparramara por el mundo la eterna lucha entre ambos sexos en comunión con el deporte.
Gilbert "redondeó" su concepto casi despectivamente: "la belga es una pequeña buena jugadora, pero mide sólo 1,65 metros de altura y pesa apenas 57 kilos. Nunca llegaría a inquietar a un jugador del circuito. Si jugara contra Roddick, por ejemplo, tal vez ganaría un game si mantiene su servicio. Contra Agassi, que le pega muy justo y fuerte, sería sometida rápidamente..." Fue un cachetazo que encendió el rechazo de la WTA y de muchas tenistas que sienten que son atractivas y vendedoras frente a los públicos de todo el mundo. Y también significó la vuelta atrás en la historia, cuando pilares emblemáticos del tenis femenino dejaban su pellejo en la búsqueda de comprensión, unidad y similares tratos que los hombres.
Un septiembre de hace 30 años la "Batalla de los Sexos" en el tenis cobró vida con un desafío que tuvo grandes dividendos para las mujeres en el deporte. Cuando la norteamericana Billie Jean King aceptó medirse con su compatriota Bobby Riggs, en el estadio Astrodome de Houston, el paso inicial era un hecho. Fue el primer enfrentamiento oficial entre un hombre y una mujer dentro de una cancha de tenis y la victoria de King por 6-4, 6-3 y 6-3, vista por 50 millones de personas a través de la televisión y en vivo por 30.492 personas, resultó tal cual deseaba con el alma la excéntrica jugadora: demostrar que las damas no estaban tan lejos de los hombres, aunque nada tenía que ver con lo deportivo. King, de 29 años, apabullaba a Riggs, de 55, para apuntalar la bandera de las igualdades, cuando el reconocimiento y el dinero grande ya comenzaban a dar vueltas por el tenis.
Y tal fue la onda expansiva de semejante "atrevimiento" que el Abierto de los Estados Unidos de 1973, nada menos, fue el primer torneo de Grand Slam que le dio el mismo premio a los hombres y a las mujeres. Dos años antes, King también se había convertido en la primera mujer tenista y de cualquier otro deporte en superar los U$S 100.000 en ganancias oficiales. Bien jugado por King, quien no hace mucho declaró: "No me arrepiento de la decisión que tomé, porque cuando ahora pienso en aquellos momentos, socialmente la mujer tenía que estar más comprometida que nunca". ¿Qué más se podía decir?
Volvemos al presente. Un día después de abrir la boca, Gilbert se disculpó pero sin variar el argumento original: "no quiero quitarle mérito a Henin ni tampoco decir que no es una gran jugadora, pero no creo que pueda ganarle a ninguno de los hombres que juegan aquí en Australia. Pero eso no significa demasiado. Para mi las mujeres son excelentes atletas. Serena Williams es extraordinaria, pero todo eso no significa que le puedan ganar a los hombres o que no deban recibir el mismo dinero que ellos. La habilidad física las diferencia. El tenis femenino evolucionó mucho más que el masculino en los últimos 20 años, pero es tenis femenino y por eso, muy difícil de comparar con el masculino..."
Como hoy, varias veces renació la pregunta ¿puede una mujer vencer a un hombre en el tenis? Y muchos creyeron que la respuesta estaba realmente adentro de una cancha: unos meses antes de su compromiso con King, Riggs le había ganado a la australiana Margaret Court en San Diego; en septiembre de 1992 Jimmy Connors venció a Martina Navratilova en Las Vegas, en dos sets y con ciertas desventajas: tenía un sólo servicio y Martina podría ganar sus puntos en toda la cancha, incluída la de dobles; y Karsten Braasch, un límitado jugador alemán que jamás ganó un torneo oficial, superó con facilidad a la más chica de las Williams en Australia, hace algunos años, aunque informalmente.
Ojalá volvieran los duelos agónicos donde Navratilova, Graf, Seles, Evert, Sabatini, Sánchez Vicario y algunas más protagonizaban unas con otras gastando pelotas, encordados y zapatillas. Ojalá nosotros, los argentinos, tengamos más jugadoras como Sabatini o como Suárez; que las chicas que lo están intentando tengan su premio a la perseverancia, valorando los esfuerzos y que nunca bajen los brazos. Todas ayudan a que el tenis femenino siga teniendo fuerza y vigencia.
Si el "último chauvinista" -como Riggs se definía a sí mismo- hizo tanto indirectamente por las mujeres en 1973, no sea cosa que ahora quieran tirar todo por la borda con opiniones como las de Gilbert. Cada cosa tiene su lugar exacto. Según la épocas, los circuitos van turnando su grado de excitación. Ya quedó demostrado con creces. No, la solución no es enfrentarse. La solución es aceptarse tal cual fueron creados, con sus atributos y defectos, y convivir armoniosamente. ¿O alguien quiere apostar algo...?
© Eduardo Puppo - 2003.