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Hay vida después de Vilas

(el tenis de los efectos y los afectos)

Pensemos mucho más profundamente. Escarbemos en nuestras almas. Miremos con seriedad lo que conseguimos a partir del fanatismo por alguna actividad que nos atrapa. Sepamos cuánto tenemos hoy por haber entregado tiempo y atención a una actividad deportiva, por ejemplo. Y no lo digo sólo desde el tenis. Percibo que esta historia, la mía, la de tantos amigos o conocidos, es la misma para miles y miles de seres ligados al deporte y que construyeron sus historias (amistosas, familares, laborales, ocasionales) a partir de "enamorarse" precisamente del tenis, del fútbol, del rugby, del golf, del hóckey, del vóley, del básquet, etc., etc.

Anécdotas pobladas de sonrisas y gestos adustos, de picos de emoción muchas veces irracionales y que nunca intentamos explicarlo a nuestros hijos. ¿Por qué? No por vergüenza. Es porque en el fondo queremos que lo entiendan en el instante exacto en que les irrumpa desde bien adentro, cuando se les remueva el vientre por la exaltación. Como a nosotros. ¿Cuántas lágrimas se nos escaparon viendo un gol sobre la hora en el Mundial, un grito infinito en la Davis, un try, un triple determinante? Que nos sacudieron de igual manera, sin importar el lado de la vereda deportiva en que estemos.

Es conmovedor observar en los clubes los "desplazamientos" en banda de chicos motivados por el patriótico sentimiento que despierta la Copa Davis. Tratan de emular las que para ellos son heróicas batallas contra el enemigo. Arman partidos donde unos son "argentinos" y otros "alemanes, croatas o norteamericanos". Y entonces, el que "cantó" primero y le tocó el papel de "Cañas" le gana al "Roddick" de la imaginación. Aunque suene novelesco, así de metido está el tenis en sus pieles. Lo comprobamos aquí y en el interior del país. Y lo mismo sucede con los adultos, interesados en saber cómo salió tal o cual jugador más allá de ser apasionados o no. Es el nuevo fenómeno que se logra sólo cuando el éxito pide paso. Pasó y pasará.

Los muy veteranos se sorprenden al ver el entusiasmo y la sabiduría de los pequeños, verdaderas enciclopedias con gorro que conocen la marca de ropa y raqueta y la posición en el ranking de los mejores. Cuando aquellos se acercaron tímidamente al tenis, hace 40 años, no imaginaban la revolución del futuro. Todo estaba más lejos y la televisión no reflejaba al milímetro cada pique como una lupa. Las noticias viajaban hasta un diario o se escuchaban por radio al pasar. Convengamos que el tenis no ocupaba ningún espacio de importancia, excepto los torneos más conocidos o la misma Davis, pero sólo con cuentagotas.

Mucho más tarde se abrió el juego. Se veía seguido alguna raqueta con funda y prensa asomando de un bolso. Se avecinaba la auténtica fundación, cuando nadie conocía ni siquiera el término "tenis" o cuando a los términos "passing shot" y "top spin" les faltaba cinco décadas para ser entendidos. Cuando los Boyd, Villegas, Caminos y Robson recién se subían a un barco para pisar Ginebra allá por el '23 y decir presente en la Copa Davis. En 1930 las victorias fueron más contínuas como premonitorio boceto del asombroso mañana. Rayano a los '50 aparecían los tímidos "contactos" formales, apoyados por victorias en la difícil Europa.

Ya era otra cosa, los clubes proliferaban aunque sin imaginarse nada extremo. En el amanecer del '70 las raquetas ya no eran extrañas para quien caminara por Av. del Libertador. Y la Davis se presentaba en sociedad, abriéndole despacio los ojos al habitante común, que hizo del deporte la materia obligatoria y excluyente de los lunes por la mañana.

Los últimos 30 años le dieron el significado final a todo el brío del pasado. Como si de exámenes se tratara, el tenis se "recibió" con los honores más dignos vislumbrando los '80: apareció Guillermo Vilas y se llevó por delante barreras y elitismos y sin titubear depositó al tenis en las manos de sus compatriotas. El abrió la gran puerta, miró, se dio vuelta y nos dijo: "hey, vengan, conozcan este mundo…"

Entonces, cada fin de semana los rectángulos naranja -surgidos como hormigueros- se cubrieron de sueños, delirantes o no, pero sueños al fin. Y resultados al margen, cobraron cuerpo las relaciones que desembocaron en noviazgos, casamientos, hijos y nietos generados en el ambiente del tenis. Fue tan inmenso el temblor que las vibraciones nunca se apagaron y sirven para alimentar la actual realidad.

Estamos en medio de dos acontecimientos fabulosos: la primera rueda de la Davis ante Alemania y el ATP que finalmente pudo concretarse. Señal de que estamos… ¡¡¡vivos!!! Después del vendaval Vilas, hay vida. Y muchos lo agradeceremos eternamente.

© Eduardo Puppo - 2003.



* Director Tenniscom.com, analista CNN en Español, Director Prensa ATP Buenos Aires, Copa Petrobras, Copa Peugeot Argentina, etc. Cubrió más de 40 Grand Slam además de Copa Davis, Copa Fed y Masters de damas y caballeros.