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Confirmado: lo que vale es el torneo (Marzo 2007)

Cuando el chileno Pedro Bravo, Referee del torneo, mezcló las fichas azules que la ATP distribuye entre las autoridades que maneja cada torneo del circuito, puso a rodar una semana que difícilmente olvidaremos. Luego le pidió a chicos del público, en pleno patio de comidas del Buenos Aires Lawn Tennis Club, que las eligieran de a una y allí comenzaron a surgir los apellidos que se fueron ubicando en cada casillero vacío. Aparantemente, toda era normal. Pero por obra y gracia del sistema a prueba -el round robin, que se explica en este mismo número- los designios de la fortuna estaban amasando un resultado poco menos que impredecible. El murmullo de las 500 o 600 personas presentes ese ventoso y desapacible sábado de febrero se hizo oir cuando el propio José Acasuso, invitado a la ceremonia, fue dando a conocer quiénes formarían los ocho grupos previos a los cuartos de final: la primera de las zonas, por ejemplo, quedó conformada por David Nalbandian, Guillermo Cañas y el peruano Luis Horna. Sí, es fácil ponerle un sobrenombre: el “Grupo de la muerte”, como el mismo cordobés se encargó de denominar.
Eran horas donde el primer título de “Pico” Mónaco y el siguiente de Juan Ignacio Chela en Acapulco -sumado al de Cañas en Costa do Sauipe- no figuraba en ninguna mente imaginativa y súper optimista. Sin dudas quien tirara esa progresión se hubiese llevado el premio mayor con tres campeonatos al hilo...
El paso posterior, cuando los medios ya habían difundido la noticia de los emparejamientos, y todavía con cara de entender poco por parte de la gente, fue tiempo de conjeturas y divagues, tirando favoritos y elucubraciones futurísticas: de los 300 y pico de acreditados ninguno imaginó que siete días más tarde, el sábado siguiente, los cuatro sobrevivientes no eran, ni por asomo, los que cada uno dio como candidato.
De a poco pero irremediablemente las estrellas se fueron apagando, algunos por lesión, otros por abandono o por caer ante el adversario de turno. Sumando y restando games, sets y partidos, espectadores y jugadores trataban de encontrarle la vuelta al sistema y ver quién clasificaba o no para los cuartos de final. Sí, lógicamente sólo ocho de ellos tendrían esa posibilidad, pero nadie podía asegurar quién. De pronto, ya cercanos al segundo fin de semana, de los preclasificados apenas quedaban dos: Juan Ignacio Chela y el español Nicolás Almagro.
Allí, otra vez y como siempre, salieron los “genios” que la “tenían clara” y como si nada aseguraban: “Yo siempre dije que ganaba Almagro” o “Hartfield era mi pollo” o “El tano Di Mauro les gana por cansancio”, etc. Todo, mientras el verdadero pulmón del torneo, aquellos que pagan el ticket y vibran con cada encuentro, seguían traspasando el arco de entrada del Portón 4 frente al Lago. Uno a uno y sin tener demasiado en cuenta el programa del día, sino con el ánimo ser partícipe de la gran fiesta del tenis.
Se dijo por ahí que en el aire se percibía cierto perfume a decepción, más que nada por parte de quienes habían adquirido con anticipación sus boletos, pero en líneas generales no se reflejó en quejas formales. Con las gradas colmadas -aún sin las figuras promocionadas previamente con vida- no se observaron mermas pronunciadas de cápitas entre el jueves y el domingo.
Este es el punto fuerte de la Copa Telmex: su convocatoria. Los organizadores bien podrían haberse agarrado la cabeza tras disputarse el “todos contra todos”, cuando ni Nalbandian, ni Cañas, ni Gaudio, ni Calleri, ni Acasuso, ni Ferrero pasaron el “corte”. ¿Qué hicieron? Optaron por ponerle el pecho a la realidad y si tenían que “recibir balas” las recibirían. Pero, oh sorpresa, nada de eso ocurrió. Nació un romance no escrito entre el “soberano” y dos argentinos que vinieron de abajo -el misionero Diego Hartfield y “Pico” Mónaco-; se miró con más interés el enorme tenis de Almagro y hasta el italiano Di Mauro se animó a soltarse y a desparramar su simpatía a diestra y siniestra generando su propia hinchada local. De todos, el tandilense se quedó con los mejores aplausos. Hasta para eso sirvió el torneo: le dio la chance a una de las promesas nacionales que estaba tardando en ratificar su calidad.
Se vivieron muchas experiencias inéditas y el cuadro resistió golpes de arriba y de abajo. Pero se mantuvo de pie y terminó con la frente en alto porque lo importante, está clarísimo, sigue siendo el torneo.

Eduardo Carlos Puppo ©


* Director Tenniscom.com, Director revista SOLO Tenis, columnista Contratenis TyC Sports, analista CNN en Español, Director Prensa ATP Buenos Aires, cubrió 30 Grand Slam además de Copa Davis, Fed Cup y Masters de damas y caballeros.