>> Volver a home

Gracias, tenis

Qué profunda emoción causan los momentos límite del deporte. No importa si hablamos de fútbol, básquet, jockey o tenis... Esos segundos cruciales que preceden a un gran estallido que libera presiones contenidas son impagables. Mantiene los ojos bien abiertos y la respiración agitada. Y, por fin, nos hace comprender que en la vida hay un poco más que salud, dinero y amor. El tenis que nos une y nutre, más allá de las obligaciones diarias y las penurias que todos, en mayor o menor medida, padecemos, nos acaba de regalar nuevos instantes irrepetibles. El US Open viene ofreciéndonos estocadas conmovedoras desde hace largo tiempo. Sin ir más lejos, la despedida a Pete Sampras en 2003. Ahora, todo comenzó con el renombramiento del complejo en Flushing Meadows, que a partir del 28 de agosto antepone a su habitual denominación tres palabras: Billie Jean King. Más de 23.000 personas disfrutaron de las canciones de Diana Ross y de las palabras de cuatro gigantes como Jimmy Connors, John McEnroe, Venus Williams y Chris Evert. Ellos rindieron su tributo a la persona que cambió el rumbo del tenis femenino mundial en los albores de los '70; a quien luchó a brazo partido abriéndose paso entre los empresarios machistas de entonces; al ser humano que embistió contra todas las piedras que su condición de homosexual le hicieron tropezar en aquellos años de poca comprensión. King, humilde y reflexiva, habló con el corazón abierto y nos dio el primer golpe de excitación.
Rápidamente se hicieron presente los recuerdos. Ejemplos: Connors, en esa misma ciudad y a los 40 años, giró el destino de un par de encuentros perdidos empujado por la fuerza descomunal de su público. Cómo no recrear en nuestras mentes aquel "Happy Birthday" cantando por miles de fanáticos en una noche hechizada del '91, donde Jimbo se quebró enmudecido después de ganarle a su compatriota Patrick McEnroe 6-4 en el quinto. O la remontada frente a otro norteamericano, Aaron Krickstein, con un tie break en el último set. Ni hablar de Roland Garros aquel mismo año, cuando en la tercera ronda, al borde del colapso físico, le ganó el primer game del quinto a Michael Chang y abandonó con esa ventaja, despidiéndose para siempre del torneo parisino.
Se le suman decenas de series de Copa Davis, aquí o en el exterior, con antológicas actuaciones de nuestros representantes. Allí donde una fórmula mágica -el éxtasis de la victoria y la sensación de desamparo por las distancias- se erigen inexorablemente en monumentales ejemplos del poder que ostenta el deporte, a veces tirano, a veces benévolo. Ni hablar de “lo que se viene” con Australia y el posible pasaje a la definición mundial de la Davis por segunda vez en la historia...
Hoy, Nueva York volvió a hacer de las suyas, sumándose al septiembre seductor de Guillermo Vilas en Forest Hills '77 o los Masters y el US Open de Gabriela. Marcó el final (¿será verdad?) de Martina Navratilova y la culminación de la carrera del argentino Lucas Arnold, temas que trataremos en otras ediciones. Y asistimos al último encuentro profesional de Andre Agassi. La ansiedad fue tal que los organizadores tuvieron que distribuir tickets en el sector de prensa habilitando un cupo limitado para que nadie "matara" a otro por conseguir un asiento. Eso, en cada oportunidad en que jugó el norteamericano. Primero contra el rumano Andrei Pavel, luego ante el chipriota Marcos Baghdatis y más tarde, la tercera y vencida, frente al ignoto alemán Benjamin Becker, quien además de derrotar a su ídolo no se cansó de aplaudirlo junto a otros miles de testigos. No es fácil contar qué sentimos, tratando de escaparle en vano a las lágrimas. Mejor, reproducir textualmente la frase de Agassi, entrecortada por su llanto, como una respetuosa pleitesía a un grande: "El marcador indicó que hoy perdí, pero no dice lo que hoy encontré. Los encontré a ustedes. Y también lo que recibí durante los últimos 21 años: lealtad. Ustedes me han apoyado dentro de las canchas y también en la vida. Encontré la inspiración. Ustedes han querido mi éxito incluso en mis momentos más bajos. Y encontré generosidad. Ustedes me han dado sus hombros para que yo pueda apoyarme y alcanzar mis sueños; sueños que nunca habría logrado sin su ayuda. Durante los pasado 21 años estuvieron allí. Yo los tomaré y los guardaré en mi memoria para el resto de mi vida. Gracias".
Llevándolo a nuestro terreno, salen a flote muchos homenajes no rendidos. ¿No estaremos olvidándonos de ofrecerlos en vida a quienes se lo ganaron? ¿No es hora de aprender de los ejemplos que vemos a diario en otras partes del mundo? Estoy seguro que asimilaremos las enseñanzas y poco a poco quien merezca veneración, será venerado. Por lo pronto, como Agassi, nosotros también digámosle gracias al tenis.


Eduardo Carlos Puppo ©


* Director Tenniscom.com, Director revista SOLO Tenis, columnista Contratenis TyC Sports, analista CNN en Español, Director Prensa ATP Buenos Aires, cubrió 30 Grand Slam además de Copa Davis, Fed Cup y Masters de damas y caballeros.