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La gente, enamorada del tenis

Tal vez, con el paso del tiempo, en los próximos años, tendremos que crear una nueva categoría de adjetivo que refleje con la mayor claridad y exactitud la relación público-tenis en nuestro país. Fuimos pasando etapas lógicas de evolución -siempre hablando de la era post Vilas y Clerc- con altas y bajas referidas al circuito y a la Copa Davis. Analizando las fechas y los resultados, es innegable que aquellas semifinales de Franco Squillari en Roland Garros, en 2000 (hacía 18 años que no pasaba y por esa performance se ubicó 18º en el ranking mundial), mostraron dónde estaba la luz del túnel.
Sus compañeros generacionales reconocieron que esa actuación los "animó" a buscar ese plus que les permitiera igualarlo: si Squillari podía, ¿por qué no ellos? Y una cosa llevó a la otra. Por aquellas cosas que tiene el tenis grupal, Squillari no estuvo en el nivel siguiente: aportó sus puntos en el regreso a la Primera División de la Copa Davis frente a Belarús (septiembre de 2002) y luego ya no formó parte del equipo por diferentes circunstancias.
Pero en ese preciso instante se abrieron de par en par las puertas del renovado éxito para el tenis argentino. Se fueron asentando jugadores que luego se hicieron carne en nosotros: Gastón Gaudio, Guillermo Cañas, Juan Ignacio Chela, Agustín Calleri, Mariano Puerta, Mariano Zabaleta, David Nalbandian, Guillermo Coria, Juan Mónaco, Lucas Arnold, José Acasuso. Son los que transitaron en el Grupo Mundial hasta la actualidad y que no sólo recibieron la colaboración previa de Squillari -a partir de 2001, cuando se encaró el operativo regreso-, sino también de Luis Lobo, Martín García y, en series preliminares, de Martín Rodríguez, Mariano Hood, Sebastián Prieto, Daniel Orsanic, Hernán Gumy, Pablo Albano, etc.
Cada semana se escribieron capítulos de oro para la historia deportiva nacional. Repetimos uno tras otro los elogios y gastamos cada sinónimo disponible. Como todo en la vida, nos entristecimos por momentos de zozobra, con angustiantes derrotas o la lacerante realidad del doping. Fueron de la mano, compartiendo el regocijante cosquilleo de las victorias monumentales.
Ese es el tenis argentino que nos toca -en un gran porcentaje- disfrutar; y en uno menor tolerar. El tenis que, aún en esta balanza inestable de buenas y malas, ya no conoce límites de penetración en los hogares y responde al llamado de los grandes espectáculos como se comprobó en febrero: los tres días en Parque Roca con casi 30.000 espectadores rugiendo frente a los suecos e inmediatamente la Copa Telmex, que superó su marca de asistencia paga, sumando 64.245 entradas vendidas, aún después de conocerse la salida del cuadro de Nalbandian.
Ambos acontecimientos ratificaron que están por encima de los tenistas que participen y ese es el certificado de buena salud que buscan los organizadores en todo el mundo. Algo así como un diploma de excelencia que los exime de tener que lidiar con inscriptos, lesiones o garantías. Aquí ya se logró y gracias a la fundamental columna de apoyo que brindan las empresas se completa la fórmula única y escurridiza que garantiza la atracción y atención de la gente. Tanto la Copa Davis como el ATP inspiran respeto y mutaron al rango de irresistibles. Está en cada uno aprovecharlo, contribuyendo a la continuidad que desembocará en la prosperidad de un deporte que sufrió mucho pero siempre, siempre, supo sacar la cabeza debajo del agua.

Eduardo Carlos Puppo ©


* Director Tenniscom.com, Director revista SOLO Tenis, columnista Contratenis TyC Sports, analista CNN en Español, Director Prensa ATP Buenos Aires, cubrió 30 Grand Slam además de Copa Davis, Fed Cup y Masters de damas y caballeros.