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Ante otra posibilidad histórica

Si tuviéramos que ubicar un momento dentro de la rica y extensa historia argentina para lanzar el dardo hacia el blanco de la Copa Davis, los más veteranos pensarán en 1981, en la dorada época de Vilas y Clerc. Y no se equivocan, por supuesto. Pero lo maravilloso que nos brinda este deporte es que hoy podemos "despegarnos" de aquella soberbia actuación en conjunto y correr el enfoque también hasta los últimos dos años e incluso anticiparnos en el tiempo y mirar con optimismo los próximos, casi sin límite en la imaginación.
El triunfo en Sydney marcó un punto de inflexión sobre qué grado de poder tiene el tenis argentino más allá de su casa, lugar donde aparece como imbatible. Ganarle a los australianos en césped y de visitantes causó estupor en las estructuras mundiales, tradicionalistas al fin, que no daban -ni dan aún- crédito a los números que llegaron a "boca de cancha" y que se ratificaron el domingo 17 de julio. Que todo se haya conjugado para golpear de la manera en que se hizo y decir "aquí estamos y no nos importa qué superficie nos pongan", los colocó en un escalón superior.
El protagonismo continuó en el circuito, sobre polvo de ladrillo, cosechando hasta el cierre de esta reflexión nada menos que ocho títulos sobre veinte certámenes jugados. Se considera el mejor momento corporativo, donde la victoria está a la vuelta de la esquina con el agradable incentivo de ser varios los habilitados para conseguirla. Esto conlleva otra buena nueva: por primera vez se instalaron cinco jugadores de los nuestros entre los doce primeros (del Entry System, ojo), con una proyección inédita, ya que tranquilamente los dos que están 11º y 12º podrían -por obra y gracia de los números ya que los separan 20 puntos- estar dos escalones más arriba y "clavar", para utilizar un término de moda, a cinco entre los diez. Nada más y nada menos que el 50% de los top ten. Lo cierto es que Argentina es el país con más jugadores en la franja 1-10 por encima de los Estados Unidos y Rusia, que poseen dos. Impresionante. Y hay más: debido al buen escenario que la mayoría tiene de cara a la temporada de canchas rápidas -en cuanto a no tener que defender guarismos elevados- ¿quién dice que esa presunción no se transforme en realidad e, incluso, aspirar a más de dos plazas en la Tennis Masters Cup de Shangai?
Los tenistas argentinos actuales son paradigmas para lo sustancioso que viene de abajo, para los chicos que apuntan al tenis con seriedad y que ya están dando muestras de su capacidad. Es indiscreto dar nombres, pero son varios los que están en condiciones de intentar "asegurar" muchos más años de bonanza, con todas las consideraciones que ello implica y sin el mínimo ánimo de crear presiones o ser exitistas.
Regresando a la Copa Davis, ya se asoma en el horizonte las semifinales mundiales, que serán las terceras en los últimos cuatro años: Rusia nos frenó en 2002, en la fría Moscú donde se estuvo muy cerca del batacazo; España se encargó de cortar la ilusión en Málaga 2003 y esta hermosa realidad que nos traslada al Sibamac Arena National Tennis Centre de Bratislava, abriendo una nueva esperanza. Obviamente no será para ir a pasear, ya que el cemento cubierto de marca "Premier" se convirtió, a la luz de los resultados positivos para los locales, en una especie de meca donde quien la pisa sale mal parado. Así sucedió con Sudáfrica y Alemania en 2004 y se extendió con otros dos puñetazos en 2005, cuando eliminaron a España en primera rueda y a Holanda en cuartos de final. La gran duda es la real condición de aquella superficie, aunque tampoco se espera que ofrezca una velocidad estrepitosa como la que tuvo la carpeta montada en Minsk, cuando Belarús nos propinó un 5-0 el año pasado. Al menos eso soñamos... Pero a no desesperar, ya que por todo lo mencionado arriba, los nombres que Alberto Mancini, el capitán del equipo nacional, considere aptos para la expedición a la República de Eslovaquia, sin duda conformarán un grupo compacto y muy, pero muy difícil de sorprender.
Para redondear el "sueño" en el que nos sumergimos, nada más interesante que tomar valor y dar rienda suelta a los ideales: si Dominik Hrbaty y los suyos quedan atrás, aquel increíble logro de 1981, cuando en Cincinnati disputamos la única final mundial de la mano del Gran Willy y Batata, se repetirá como una bella película fantástica. Lo bueno, lo mejor, es que de inverosímil no tiene nada.


Eduardo Carlos Puppo ©


* Director Tenniscom.com, Director revista SOLO Tenis, columnista Contratenis TyC Sports, analista CNN en Español, Director Prensa ATP Buenos Aires, cubrió 30 Grand Slam además de Copa Davis, Fed Cup y Masters de damas y caballeros.