>> Volver a home
Rusia 3 - Argentina 2 (Copa Davis 2002)
CERCA DE LA GLORIA
Fue la mezcla más inverosímil de sensaciones. De las buenas y de las malas. De incertidumbres y convicciones. La expedición a Rusia estaba envuelta por un manto de misterio deportivo en mayor parte por el desconocimiento del terreno de juego. Las hipótesis tenían tendencia hacia una velocidad extrema. Y costó saberlo, ya que a pesar de haber viajado a Moscú casi diez días antes del inicio de la serie, el equipo argentino recién tomó contacto con el piso el lunes de la semana decisiva. Y allí comenzó a aumentar el optimismo.
El capitán argentino, Alejandro Gattiker, tranquilizó a todos informando que debajo de la alfombra Taraflex habían montado placas de aglomerado. Entonces, no todo era tan rápido y el pique de la pelota, aunque bajo, permitía una buena adaptación de nuestros jugadores. El miércoles previo ya todos pegaban como si fuera el viejo y querido polvo de ladrillo. Los pelotazos retumbaban en el antigüo pero prolijo estadio Luzhniki, a orillas del río Moscova, que formó parte del complejo utilizado en los Juegos Olímpicos de 1980. El cuerpo técnico argentino desparramaba esperanza. Cado uno en su lugar, en su trabajo, formando parte de una misión para nada imposible aunque con muchas contras.
No hubo tantas facilidades: el sólo hecho de tener que pagar por las pelotas y el alquiler de canchas privadas hasta que habilitaron el estadio habla de una falta de voluntad gravísima por parte de los organizadores locales. Ni la mínima cortesía para la delegación argentina, que sólo tenía a una chica que hablaba inglés y los acompañaba a todos lados abriéndoles -o tratando de abrir- cada puerta que se cerraba. Incluso en el vestuario armado para el equipo argentino, si bien era espacioso, no instalaron ni teléfono ni computadora. Apenas un televisor
Mientras el Colo Gattiker no salía de su asombro al ver que todas las repuestas a sus pedidos eran similares ("es complicado conseguirlo"), el espíritu de equipo aumentaba y los cuatro elegidos, Nalbandian, Gaudio, Chela y Arnold, no tenían empacho en gritar sus ganas a los pocos compatriotas que llegaban día a día ya sea periodistas, dirigentes o fanáticos. Sobraba compañerismo y colaboración. Contagiaban entusiasmo. Desde la sala de prensa tratábamos de ordenar los sentimientos y separar lo profesional de lo humano. Es un deporte, pensábamos. Pero era estar en el umbral de algo grande. De algo histórico. Y ser testigos es maravilloso a la hora de acomodar las vivencias. Es acumular material valioso para contarlo, para revivirlo. Si la antesala causaba nervios, ¡cuánto más faltaba experimentar!
El viernes, pasado el mediodía ruso y cuando los argentinos bostezaban su cotidianeidad, Chela abría la serie contra Marat Safin y todo se diluyó con dos pelotas perdidas de revés cuando estaba 4-3 y 40-15 con su saque en el tercer set. Punto para Rusia. En el segundo partido, más sufrimiento y otra situación límite: Gaudio, con dos sets para cada uno, se puso 5-2 y 40-15 frente a Yevgeny Kafelnikov. Y esos dos match points quedarán en la memoria y en el corazón de todos nosotros. Un marcazo de revés desperdició el primero. Y un drive paralelo muy dudoso, el segundo. El umpire, el portugués Jorge Días, convalidó el fallo del juez de silla -pelota mala de Gaudio- y de allí en más el argentino fue un manojo incontrolable de nervios. Perdió 16 puntos consecutivos. Demasiado. Y demasiado tarde para reaccionar. Se sintió ultrajado y desde esas dos chances para ganar hasta el final, con el 8-6 para el ruso, Gaudio sólo se quedó con 5 de los 31 tantos jugados
El sábado, aún bajo condiciones adversas (0-2 y la sensación de inseguridad en los cantos de los jueces) pusieron el alma en el dobles. Ya todos saben cómo fue el partido y el grado emocional que tuvo. No sólo fue el más largo de la historia desde la instauración del tie break con sus casi 6 horas y media. También, sin lugar a dudas, uno de los más increíbles por la calidad técnica. Safin y Kafelnikov corrían de un lado al otro, Nalbandian se cruzaba una y otra vez mientras Arnold los pasaba por arriba y por abajo. Levantaron dos match points con el saque de Safin y definieron quebrándole a Kafelnikov. Fue un 19-17 en el quinto imborrable, gigantesco. Era el ticket para seguir participando, para continuar vivos. Y con un cansancio tan grande para los locales que determinó la baja de Kafelnikov el domingo.
La decisión de cambiar a Gaudio por Nalbandian no era fácil para el capitán. El "Gato" se moría por entrar. Pero la fatiga de su gemelo izquierdo -comprobada por el médico- y su falta de movilidad total en el entrenamiento previo fueron vitales. Era mejor poner a alguien cansado pero entero (David) que a alguien con ganas pero disminuído físicamente y con un riesgo grande (posibles calambres primero, desgarro después). Gaudio lo comprendió y masticando bronca fue a alentar a Nalbandian. Pero Safin fue Safin y cerró la victoria rusa en cuatro sets, en algo más de tres horas. Nada para criticar. En medio de gritos, aplausos, cánticos y el ex presidente Boris Yeltsin saltando como un chico con los brazos en alto, los argentinos salieron de la cancha uno detrás de otro, sin vergüenza, con un sabor amargo por estar cerca de la gloria y una sola verdad: la dulce victoria no tardará mucho en caer en sus brazos.
Eduardo Carlos Puppo © Moscú, 22 septiembre 2002
|

* Director Tenniscom.com, Director revista SOLO Tenis, columnista Contratenis TyC Sports, analista CNN en Español, Director Prensa ATP Buenos Aires, cubrió 30 Grand Slam además de Copa Davis, Fed Cup y Masters de damas y caballeros.
|