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27-08-2001

Cada Grand Slam, un relejo de su gente

Es sorprendente observar, en cada Grand Slam, como el torneo se mimetiza con su entorno, con las costumbres del lugar, con la forma de vivir de su gente. Se comprueba en el Australian Open, con la corrección, el orden, la pulcritud; en Wimbledon, con lo tradicional llevado a su máxima expresión; en Roland Garros, con la elegancia y lo estético como bandera. ¿Y el U.S. Open? Tal vez sea el mejor ejemplo: es impredecible. Como Nueva York. El público es el motor de la locura: todo se puede encontrar en las metálicas tribunas de Flushing Meadow y a nadie le importa mostrarse tal cual es y también sobreactuar para que lo miren. La mayoría, claro, es "citizen". Desde cualquier ciudad de los Estados Unidos viajan como sea para llegar y quedarse dos o tres días en el Abierto de su país. Y allí están, cargando pelucas, disfraces, anteojos desorbitantes, sobreros fabricados con sus propias manos, carteles partidiarios a sus ídolos. Si hasta se puede ver a un perro con la credencial oficial colgada con su foto, casi como un símbolo de la "liberación norteamericana"... Lo cosmopolita que siempre fue Nueva York se ratifica dentro del gigantesco complejo de la USTA. Como un fiel reflejo de los aeropuertos con más tráfico en el mundo, uno nunca sabe quién será el compañero de tribuna ocasional: un jeque, un monje, un indú, un japonés, suecos que brotan del piso, brasileros, un "homeless"... Y, como norma, los que se animan a exponerse -y son miles- llevando señales alegóricas a su origen: túnicas, turbantes, barbas largas, cabezas rapadas, tatuajes... A ninguno le importa mucho hacer silencio cuando se juega un punto ni dejar de comer. El tenis es sólo un complemento. Y como lógicamente en cantidad ganan los locales, el ir y venir de hot dogs gigantescos y hamburguesas -empapados por supuesto de ketchup y esas salsas cuyo olor se capta a cientos de metros- no cesa ni un instante. Son capaces de perderse un set completo haciendo la cola para acopiar comida y gaseosas. Con eso, el cóctel está completo: verán un poco de tenis, hablarán sin parar y comerán hasta el hartazgo... Esta es la radiografía "offcourt" del abierto norteamericano, que recibe seguro un par de tormentas descomunales en sus 14 días; que recaudará millones en merchandising; que romperá otro record de asistentes en sus dos sesiones; que seguirá sorprendiendo con el desalojo de 25.000 personas del court central para el "cambio de turno" y la entrada de otras 25.000 sin que nadie note nada... Nosotros sólo esperamos que desde las canchas, los argentinos, puedan dejar pasar el alboroto y demostrar que, sobre el cemento caliente, también tienen la mente fría para ganar.

Eduardo Carlos Puppo © Nueva York, 2001



* Director Tenniscom.com, Director revista SOLO Tenis, columnista Contratenis TyC Sports, analista CNN en Español, Director Prensa ATP Buenos Aires, cubrió 30 Grand Slam además de Copa Davis, Fed Cup y Masters de damas y caballeros.